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Un día muy especial sin planificar……

Fue un día muy especial y sin que fuese planificado. Las cosas ocurrieron poco a poco sin pensar, y la verdad que fue increíble.
Vivo en uno de los sectores cercanos a Quito, en Ecuador. Mi familia salió por un compromiso y me quedé solo en casa. Se suponía que para almorzar saldría a algún restaurante de los tantos que hay por el sector; así estaba previsto. Nada parecía que cambiaría, es más, me di una ducha y estaba listo para salir como a las 10,30 horas de una mañana muy soleada.
De pronto se me ocurrió la idea de preparar algo en casa ya que no soy del todo malo cocinando, y de alguna manera me gusta hacerlo, pero no tenía idea que era lo que quería almorzar. Finalmente, después de mirar lo que había, decidí qué era lo que quería hacer: una sopa muy sustanciosa. Así que decidí cambiarme de ropa para estar más acorde con el trabajo que haría y en eso empezó lo que más tarde sería un hermoso día.

Me acordé de una faldita corta de color negro que tengo para ciertas ocasiones íntimas y de soledad. Es realmente muy cortita y de tela tan ligera que da la sensación de que se podría ver a través de ella. La busqué entre mis cosas muy personales que están a buen recaudo. También le añadí un hilo dental de color negro, que solo me cubre el área del pene y testículos. El resto era solo los resortes delgados que lo sujetan. Me emocioné y me lo puse de inmediato. A decir verdad, se me veía muy bien, es más, empecé a excitarme al mirarme en el espejo. Me puse la faldita, o minifaldita, con una camiseta tipo polo, de color celeste. Realmente me sentí muy contento y pasé hasta la cocina para hacer lo que tenía planificado. Finalmente terminé la sopa, me quedó deliciosa;  así que una vez que almorcé y que fue muy temprano, como me gusta, deje todo en orden en la cocina y fui hasta la sala de la Tv para ver algún programa, nada en particular. Obviamente  me sentía muy a gusto con la ropa que llevaba puesta, y en ese momento me inclinaba por ser ella, más que él.

Estaba alegre y totalmente tranquila. Serían como a las 13,15 horas cuando sonó el timbre de la puerta. Me levanté del asiento y me dirigí hasta la puerta para abrir, sin acordarme siquiera de lo que llevaba puesto. Con gran sorpresa y alegría, me encontré con Javier. Yo soy un hombre de 65 años. Él es un joven muchacho, de unos 23 añitos, que trabaja en el bloque de dos pisos en el que vivo, encargado  de reparaciones varias. Es un muchacho de una cara muy bonita, delgado, con pelo rubio, unos lindos ojos verdes y su contextura es más bien algo femenina. En más de una ocasión  le había visto cómo me miraba con algo de interés y disimulo al mismo tiempo. Para ser honesto, me agradaba mucho y siempre contestaba a su saludo de una manera muy amigable,  y quizá hasta algo más que eso.

Se sonrojó cuando me vio y en ese momento me di cuenta de mi imprudencia y solo supe decirle:

  • Por favor entra y ponte cómodo. La verdad que me puse esto porque estoy buscando algo que me quede bien para una fiesta de disfraces que me han invitado, así que espera un momento que me cambio

Le conté la primera mentira que me salió en ese momento, pero para mi sorpresa y agrado él me dice:

–   No, por favor no se cambie, porque le queda muy bien, y si a usted no le molesta, puedo decirle que me agrada verle así

Me emocionó y excitó mucho. Lógicamente le agradecí y me sentí mucho más a gusto. Me senté a su lado y la faldita se subía y dejaba mis piernas descubiertas hasta muy arriba y sentí  que Javier no dejaba de mirarme. Me alegró mucho y de alguna manera me fui poniendo en una posición un tanto más provocativa. Conversábamos sobre el tema que le había llevado a visitarme, pero ya no estaba concentrado en lo que hablaba y se notaba que él estaba muy interesado en mí, así que me animé a preguntarle  si realmente le agradaba verme así o que era lo que pensaba. Me dijo que en realidad estaba muy contento de verme así, que se me veía muy bien y que estaba contento de la invitación para entrar en mi casa. Esto ya me dio una pauta para saber que estábamos en el mismo rumbo y le dije:

  • Gracias, Javier

Se lo dije agarrándole sus manos, él no ofreció ninguna resistencia, sentí un ligero apretón sobre las mías y por esa razón no las solté y al mirarnos solo nos sonreímos, entonces le pregunté:

-¿Alguna vez te has puesto este tipo de ropa?

Me dijo que sí lo había hecho y que le agradaba mucho, pero que lo hacía a escondidas de su familia. Le dije que le comprendía y que resultaba un tanto frustrante no poder hacerlo como y cuando uno quisiera hacerlo, más aun si pudiendo disfrutar junto a alguien que lo pueda comprender. Esto hizo que él se sintiera mucho más a gusto y en confianza, me lo agradeció y me dijo que si no me molestaba, él podía ir hasta su casa, que estaba muy cerca de la mía, y traer la ropa que él tenía para poder disfrutar en mi compañía.  Le dije, que con mucho gusto y que lo esperaba.
Tan pronto como salió en busca de su ropa, puse una botella de vino tinto sobre la mesa de la sala y dos copas, algunas cosas para picar y espere que regresara, pero temía que de pronto cambiaria de idea y no lo hiciese. Estaba un tanto preocupado, pero me tranquilicé cuando sonó el timbre y en efecto era él, con una pequeña maleta en sus manos. Me pidió permiso para ir al baño y cambiarse y cuando salió, casi me caigo de espaldas. Tenía una pequeña blusita de esas que se ciñen al cuerpo y le cubren solo hasta el ombligo, de color rosado pastel, una faldita blanca muy linda y súper cortita , que dejaba ver claramente el diminuto hilo dental que estaba por debajo. Se había puesto unos aros como pendientes y un pañuelo sobre la cabeza. La verdad es que estaba preciosa. Me levanté y al acercarme también él tuvo la misma reacción. Nos unimos en un gran abrazo y nuestros labios se encontraron en un beso muy apasionado y largo. Cuando se separaron nuestros labios, me dijo que había tenido la ilusión de poder estar así algún día. Lógicamente  yo también le dije que a mí me gustaba mucho, pero que me sentía temeroso de ofenderle. No hubo respuesta sino otro beso apasionado.
Nos sentamos muy juntos y le invité a tomar una copa de vino, me dijo que sí y con seguridad me bajaron un poco los nervios. Brindamos por nosotros y los besos fueron más frecuentes, ya acompañados de caricias en las piernas, tanto él como yo. Le invité a pasar a mi habitación, para sentirnos más cómodos. Nos llevamos el vino con las copas, para de inmediato hacer un nuevo brindis. Luego le abracé con mucho cariño y le quite la blusita, él hizo lo mismo conmigo y de esta forma, nos empezamos a acariciar y besar nuestras tetillas. Nos emocionó mucho y la respiración era más agitada, solo teníamos la faldita y nuestros hilos que aún eran sorpresas, así que le bajé muy suavemente la faldita y en realidad disfruté al ver lo que estaba frente a mí. Literalmente le devoré a besos cada parte de ese cuerpo delicioso que además tenía un aroma muy delicado. Estaba tan excitado que me quité la faldita y los dos nos quedamos en solo los hilos. Mi pene estaba a punto de salirse, el de él se encontraba tranquilo, así que los papeles ya estaba designados. Nos abrazamos y dábamos vueltas sobre la cama. En un momento lo tenía debajo de mí y en otro momento encima, la verdad es que estábamos muy felices y excitados. Le quité su hilo y en realidad tenía un pene muy pequeño, casi sin vellos y esto me excitó mucho. En ese momento él también me quitó mi hilo, mi pene estaba muy erecto, además yo me depilo muy frecuentemente y se veía claramente. Sus manos traviesas no dejaron un solo milímetro de mi pene y área genital sin acariciar y se inclinó para hacerme el sexo oral más delicioso que jamás antes experimenté. Nos pusimos en posición 69 y me sentí con ganas de chuparle su pequeño pene que fue entonces cuando gano algo de tamaño y se puso rígido. Este sexo oral lo hicimos por mucho tiempo, creo que pasamos de la media hora con facilidad. Aproveché para acariciar su orificio anal y dilatarlo poco a poco, sacando de cada oportunidad un gemido de satisfacción. Nuestros labios no dejaron espacio alguno sin besar en cada uno de nuestros cuerpos, los gemidos de placer en los dos estaban al máximo, ya no podíamos aguantar más y me puse el preservativo para empezar a penetrarle con mucho cariño, suavidad y placer  por ese culito que estaba muy ajustado y delicioso. Finalmente sentí que mis testículos golpeaban sus nalgas y la cabeza de mi pene estaba al fondo. Esto le hacía sentirse a él muy feliz y lo mismo sucedía conmigo.
Sus piernas se sujetaban a mi espalda en forma de abrazo y sus brazos a mi cuello. Yo bombeaba con mucha excitación y sentía que mi pene se introducía hasta el fondo de su culito. Nos besábamos con desesperación. Fue mucho tiempo en este ritmo, tan agitado, delicioso y excitado, disfrutábamos al máximo. Le dije que estaba por terminar pero quería que lo hiciésemos al mismo tiempo. Me dijo que sí, que él también estaba muy cerca de llegar al orgasmo. Seguimos hablando y preparándonos para ese final que fue maravilloso, los dos al mismo tiempo, sentimos que expulsábamos toda esa lechecita que salía con mucha energía y pasión de cada uno de nuestros penes. Mi mano tenía en el pene de Javier y la llenó por completo con su semen muy espeso y caliente, en mi caso sentí que salían varios chorros de semen acompañados de temblores de todo mi cuerpo. Nos abrazamos con más fuerza y dejamos de movernos, todo estaba sensible en los dos. Nos besamos muy apasionadamente y nos fundidos en un abrazo increíble, no sé cuánto tiempo, hasta que sentí que mi pene había perdido la erección y se salió de esa cavidad tan rica que había encontrado. Fuimos a bañarnos juntos, lógicamente sin desaprovechar la oportunidad para acariciarnos nuevamente y besarnos. Una vez terminado el baño, él me seco a mí y yo a él, fuimos hasta mi cama y nos acostamos desnudos. Nos quedamos dormidos abrazados y cuando nos despertamos como a la media hora, estábamos listos para una nueva sesión de sexo, que igual que la anterior la disfrutamos con mucho pasión y erotismo.
Cuando vi el reloj, era las 19 horas, así que le pregunté si tenía inconveniente para quedarse. Con un beso me confirmo estar de acuerdo y fue una noche loca, llena de sexo, amor, erotismo y mucha penetración. Desayunamos a las 8 am y a las 10 am, se fue para su casa. Fueron algo más de 20 horas de mucho sexo, de mucha entrega y felicidad, mi pene estaba totalmente agotado y el área del pene dolorida,  de tanto movimiento en las penetraciones que le hice a mi adorado Javier.
Hemos acordado volver a estar juntos, porque él y yo nos necesitamos.
Salí a buscar algo para almorzar, ya que estaba muerto del hambre, regresé pasadas las 14 horas. En este momento decidí escribir para inmortalizar este encuentro y esperando se repitan con más frecuencia.

Gabriel

Autor: Gaby

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