Home » Blog » Tarde en el pantano

Tarde en el pantano

Martita nos envía un nuevo relato. Ideal para el verano. ¡Disfrútalo!. Millones de gracias Martita. ¿Qué pasará en el segundo capítulo? No puedo esperar…

TARDE EN EL PANTANO

Este relato está dedicado a mi amiga Inés, una gran amiga y compañera.

Capítulo Primero
Hola me llamo Alex y me gustaría contar la experiencia con la cual disfruté una tarde calurosa del mes de julio.
Trabajaba en una gran empresa y allí tenía como compañera a Inés. No estábamos en la misma oficina pero sí en el mismo departamento, de ahí que todos los días nos viéramos y tratáramos asuntos comunes. Inés era una preciosidad de mujer de tenía treinta y cinco años. Era la típica rubia con unos ojos preciosos, de piel clara, guapa y con un cuerpazo en el cual destacaban sus pechos. Eran de un tamaño intermedio pero firmes y redondos, con unos pezones pequeños y turgentes. Tenía además un buen culo, ni grande ni pequeño, pero se le veía duro, trabajado en el gimnasio. No era de esas mujeres creídas, que se pavonean sabiendo que están muy buenas y quieren llamar la atención continuamente; al contrario, era una mujer de lo más discreta.
Inés y yo compartíamos, aparte de oficina, gimnasio. Solíamos ir todos los días después del trabajo, por la tarde/noche íbamos un rato para tonificar, mantenernos en forma y relajarnos un poco. La mayoría de las veces hacíamos las mismas actividades, se puede decir que teníamos los mismos gustos en cuanto a deporte. Lo cierto es que el rato que estábamos juntos en el gimnasio era el mejor del día. Nos lo pasábamos muy bien, nos contábamos los cotilleos de la oficina, hablábamos de todo y cada día confiábamos más el uno en el otro. Se puede decir que nos fuimos haciendo cada día más amigos.
Los dos estábamos solteros y sin pareja, cosa que por parte de ella me extrañaba, puesto que, como ya he comentado anteriormente Inés era un bombón. Para mí era una amiga y compañera aunque sinceramente, el verla todos los días tanto en el trabajo como en el gimnasio, sobre todo en este último lugar, hacía despertar en mí el instinto sexual masculino. Verla vestida con culotes de licra, top ajustados, pantalones cortos de deporte, etc.… y luego con el bañador para irnos a la sauna, se fue convirtiendo en un suplicio para mí.
Inés era mi amiga y con la confianza que teníamos se fue convirtiendo en mi obsesión. Soñaba a todas las horas con ella, siempre quería verla el primero, necesitaba tenerla cerca de mí, quería poder admirar ese cuerpazo, estaba pendiente de la ropa que traía puesta. Me imaginaba a Inés en su casa preparándose para venir al trabajo, cómo se pondría esa ropa interior tan sexy, la cual pude admirar a través de mis miradas furtivas. Procuraba que no se diera cuenta, pero siempre estaba pendiente de sus movimientos, por si podía ver su sujetador a través de los botones de su blusa, o bien, ver su braguita cuando se agachaba a recoger algún papel que se le había caído. Era realmente atractiva y el hecho de que ella no se diera importancia por lo buena que estaba, la hacía más apetecible si cabe.

Una de esas tardes en el gimnasio, haciendo bicicleta estática, me comentó que la apetecería ir a tomar el sol al pantano que había cerca de donde vivíamos, que pensaba decírselo a otras dos compañeras: Laura y Cecilia, para no ir sola y así buscar un sitio apartado para tomar el sol en topless. El hecho de comentármelo hizo que mi mente se pusiera a funcionar y a imaginar escenas realmente eróticas.

Iré describiendo a las dos compañeras. De Inés, para que os hagáis una idea  de la clase de mujeres que iban a protagonizar mis sueños y por qué no, mi sueño hecho realidad.
Laura era la más alta de las tres. Era delgada, morena y tenía un cuerpazo, culo pequeño y respingón y unas tetas no demasiado grandes pero bien puestas. Era la más seria y aunque no era excesivamente guapa, sí que era atractiva. Tenía un imán para atraer la atención de los hombres. El hecho de que fuera jefa de un departamento y que tuviera autoridad sobre un montón de gente hacía que fuese una mujer respetada. Alguna vez la había visto haciendo deporte y he de decir que era una pedazo de mujer, con un cuerpo atlético y trabajado.
Cecilia trabajaba en otra sección, pero era muy amiga de Laura. Eran distintas, tanto en el trato como en el físico. Cecilia era más simpática que Laura, más accesible y extrovertida. Era guapa de cara, rubia, en ella resaltaban sus labios carnosos y su sonrisa siempre perenne. Tenía las tetas más grandes que Laura e Inés y un culo bien formado también, tamaño intermedio. Se notaba que hacía deporte, ya que, en conjunto tenía un cuerpo bien proporcionado.

Esa semana empecé a poner en marcha un plan para poder disfrutar de la compañía de esas tres mujeres impresionantes y quién sabe si de algo más… Yo desde luego estaba deseándolo.
Le comenté a Inés que esa próxima semana iba a hacer muy buen tiempo y que sería ideal para ir al pantano, que yo conocía un buen lugar, tranquilo, alejado de las vistas, con una pequeña playa de arena, ideal para darse un baño si el calor apretaba. No le dije nada de sus amigas, solamente le dejé caer que si quería podía llevarla.
-Inés, esta semana no tengo nada que hacer por las tardes, si quieres te llevo a conocer el pantano… Conozco un buen sitio, tranquilo y lejos de las miradas indiscretas, -le comenté yo
-Ey, estaría bien, ya tengo ganas de ir a conocer sitios nuevos y de paso unificar tono. Si tardo mucho voy a presentarme en pleno verano  más blanca que la leche, – dijo Inés
– Lo único es que me gustaría decírselo a un par de amigas. Llevamos tiempo queriendo ir y me parece feo no decírselo, – dijo ella.
– Vale, lo entiendo, – contesté yo- . Lo que pasa es que no sé si querrán que vaya yo, igual queréis estar solas, contándoos vuestras cosas, no quiero estorbar.
– Tú, no estorbas, de todas formas se lo preguntaré, por si no quieren. – dijo Inés.
– En mi defensa diré que os llevo en mi coche y me encargo de la merienda, ya me dirás a ver qué dicen, – dije sinceramente.
Inés llamó más tarde a sus amigas y quedó para tomar un café en una terraza.
Cecilia y Laura habían llegado puntuales a la cita y se sentaron en la terraza a disfrutar de un coctel. Inés llegó casi a la vez:
– Hola chicas, ¡que guapas estáis!
– Anda que tú,-dijo Laura-, estás cañón así vestida, je, je, je.
Inés estaba realmente guapa. Llevaba una minifalda vaquera, una camiseta de tirantes que hacía resaltar sus perfectas tetas, redondas y firmes, un sujetador rojo y unas sandalias completaban el vestuario de Inés.
-La mini es nueva, la camiseta es del año pasado, pero me queda bien, ¿no? – dijo Inés.
-Y tanto que sí, -dijo Cecilia-, ¡mira cómo te sienta! Con esas tetas que tienes… Hasta yo me fijo en ellas. Estás realmente buena, je, je, je.
– Mira quién va a hablar, doña devora hombres, –dijo Inés – si cada día vas marcando más, con esas tetazas que tienes, tan bien puestas, no hay hombre que se resista a mirarlas, ja, ja, ja.
Cecilia no se quedaba atrás en cuanto a sexy. Llevaba una blusa blanca de gasa ajustada por adelante, con la espalda descubierta y un sujetador blanco con transparencias y encaje, todo esto unido a sus hermosas tetas, hacía de Cecilia una autentica amazona. El vestuario lo completaba un mini short ajustado de florecitas, el cual marcaba su trabajado culo y unas botas de verano. Cuando Cecilia quería, era una auténtica bomba. Era una mujer muy sexy.
Laura era la más sofisticada de las tres, incluso vistiendo. Llevaba un mono negro de gasa, con abertura en pico en su parte delantera, dejando poco a la imaginación. Sus pequeños pero firmes pechos eran casi visibles. Un corchete impedía que se saliesen y un sujetador negro de encaje era la prenda protagonista en su vestimenta.
Estás tres mujeres eran el punto de atención de toda la terraza, sobre todo a los ojos del género masculino, que no podía apartar la mirada de donde estaban sentadas.
-Oíd, chicas – dijo Inés-, me han propuesto un plan para pasar la tarde en el pantano, un día de la próxima semana, aprovechando el calor que hace. Me gustaría que vinierais pero antes quería consultarlo con vosotras.
– ¿Quién te lo ha propuesto? – dijo Laura
-Ha sido Alex, mi compañero, -dijo Inés-. Sabéis de quien os hablo, ¿no?
– Ahhhhh, tu querido amigo Alex, ojitos verdes… ¿Quiere ir contigo al pantano? –dijo Cecilia riéndose y poniendo vocecita de niña mala.
– Eyyyy, no seas mala -dijo Inés- si es muy majo.
– Si, eso me han dicho… -saltó Laura-. No me importaría fallármelo, je, je, je,
– A mí tampoco, la verdad, -dijo Cecilia-, tiene su punto, ja, ja, ja,
– Que brutas sois -dijo Inés- aunque yo también le haría un favor, je, je, je,
– Vaya tres más salidas -rió Cecilia-, a mí no me importa que venga.
-Eso, eso, que venga, igual lo pasamos bien– dijo Laura, acompañándolo de una sonrisa y un gesto de asentimiento con sus manos.
– Vale -dijo Inés- riendo la ocurrencia de Laura, le diré entonces que vamos las tres. Aunque ya me estoy arrepintiendo de habéroslo contado, con el peligro que tenéis, a ver cómo termina la tarde.
-¡Esperemos que muy bien! – saltaron Laura y Cecilia a la vez.
– Ya tengo ganas de estrenar el biquini nuevo – dijo Laura.
-¿Ese que es tres tallas más pequeño?, serás zorra…, – dijo Cecilia
– je, je, je, sí ese, – contestó Laura.
– Joder, chicas, lo vais a poner cardiaco, – dijo Inés.
– Lo vamos. No seas mojigata, – contestó Cecilia-, ya verás que bien lo pasamos Inés. Igual nos sorprende tu amigo, je, je, je, ¿podrá con las tres?
– Yo pienso ponerme el blanco, que me queda genial y no deja nada a la imaginación, se transparenta todo, continuó Cecilia.
– Pues yo, había pensado hacer topless, dijo Inés, pero no quiero quedarme sola, para eso os traigo, si lo hacéis vosotras ya no me da corte que esté Alex delante.
– Mira la mosquita muerta , -dijo Laura- y parecía tonta, je, je, je
– Que fuerte, pobre Alex, ahora sí que va a flipar – contestó Cecilia -, tres hembras calientes y en topless, este no sale vivo del pantano je, je, je. Vale yo también me apunto, ¿y tú Laura?
– Que remedio, ja, ja, ja, no voy a quedar como una paleta- dijo Laura.

Inés contó lo que Alex había propuesto, lo de llevar él el coche y la merienda. Ellas estuvieron de acuerdo y fijaron el miércoles como el día elegido para ir. A continuación Inés llamó a Alex y le confirmó el día y la asistencia de sus amigas.

Y llegó el gran día.
Hacía muchísimo calor, no se movía ni una hoja. Alex cogió la toalla, crema solar y preparó la merienda como había acordado (fruta, pan, tortilla, varias botellas de vino, cervezas, etc…), guardó toda la bebida en unas grandes neveras llenas de hielo para mantenerlas frescas y se dirigió a buscar a Inés y a sus amigas con el coche. Las encontró en casa de Inés y después de los saludos de rigor, se pusieron en marcha. Llegaron al pantano y Alex aparcó el coche en una zona a la sombra y apartada. Era una pequeña arboleda lejos de la carretera principal, a la cual se accedía por un camino que permanecía casi oculto.
– Es un buen sitio, chicas, – dijo Alex – lo encontré por casualidad un día que vine a pescar.
– Es tranquilo y por aquí no viene nadie, además en la orilla hay una pequeña playa que no tiene piedras, es todo arena de rio – dijo Alex- .
– Que bien, contestó Cecilia, así no nos molesta nadie.
Después de dejar el coche aparcado, cogimos las cosas y nos dirigimos a la playa. Al llegar, las chicas se quedaron sorprendidas por lo bonito del sitio. Era una pequeña playa de arena, con sitio para tomar el sol y al lado unos árboles nos proporcionaban sombra por si nos apetecía.
Extendimos las toallas, pusimos las neveras a la sombra y empezamos a desvestirnos para tomar el sol. Las chicas estaban espectaculares…vaya cuerpazos.
Cecilia, con un biquini blanco, estaba rompedora. Tenía un buen par de tetas. Era lo que más llamaba la atención de su cuerpo. Usaría una talla 95 o una 100, pero no las tenía nada caídas, al contrario, estaban firmes y por eso llamaban la atención. Aparte, como he dicho anteriormente, era una mujer guapa y tenía un cuerpazo.
Laura no le iba a la zaga. Llevaba puesto un mini biquini, el cual, marcaba sus tremendos pechos redondos. Usaba menos talla que Cecilia, pero no por ello era menos atractiva. Tenía un culo duro y firme, lo cual, hacía de ella una hembra muy deseada. En conjunto estaba muy bien proporcionada, tenía un cuerpazo y estaba claro que no la importaba mostrarlo, es más, creo que quería mostrar lo buena que estaba.
Por último, estaba mi amiga Inés, que llevaba puesto un biquini realmente bonito, el cual, resaltaba una de las partes más deseada por los hombres, sus tetas, que eran simplemente perfectas, redondas, firmes, una talla 90, con unos pezones pequeños, etc… Además el biquini se ajustaba a su culo como un guante. El culo de Inés era un culo pequeño y respingón, lo cual, daba como resultado que Inés fuera la más guapa y atractiva de las tres.
Yo, por mi parte, llevaba puesto mi bañador nuevo, uno de lycra, ni muy largo ni demasiado corto, algo normalito.
Nada más tumbarnos en la toalla, Laura sacó la crema solar y pidió que alguien se la diera:
– Ey, ¿alguien me da crema? – preguntó Laura.
Yo, que estaba el más cercano a ella, miré a las demás, y al ver que ninguna hacía ademán de dársela, dije:
-Ya te la doy yo, Laura.
– Gracias Alex -contestó ella-. Espera que me acerque.
Laura se puso a mi lado, se sentó en mi toalla y me pasó el bote.
– Ten cuidado que es aceite y es muy pringoso -dijo con una sonrisa en su boca.
-Y espera, que voy a quitarme la parte de arriba, no quiero que se manche, que luego se quitan las manchas fatal y es nuevo-dijo Laura.
Laura cogió los lazos, los aflojó y se quitó la parte superior de su biquini nuevo. Sus dos bonitas tetas se quedaron libres y mi vista ya no se pudo apartar de esos pechos tan bonitos.
– Espero que no te importe, Alex, si te molesta dímelo -dijo Laura.
– No, ¡qué va! , tú misma, como estés más cómoda -contesté yo.
Después de quedarme embobado viendo las tetas de Laura, cogí el bote de aceite y empecé a extendérselo por la espalda suavemente. Tenía una piel muy cuidada, sin un solo granito y darle el aceite era una sensación muy gratificante y sensual. Lo hacía despacio, intentando no manchar nada y extendiendo el aceite uniformemente por toda su espalda. Laura estaba sentada con la cabeza inclinada hacia adelante y apoyada en sus brazos, lo cual, me permitía ver sus tetas sin impedimento. Unté mis manos con un poco más de aceite y me dispuse a dárselo por los laterales de su espalda. Esto hizo que con mis manos rozara sus pechos, fue solo un segundo, pero noté como Laura daba un respingo e incluso de su boca oí un pequeño gemido de placer.
– Uffff, que gusto, que bien lo haces Alex…,-dijo- no sabrás dar masajes?
– No, que va, me alegro de que te guste, Laura, solamente intento no manchar nada- contesté.
– Oye Alex, ya que tienes las manos manchadas de aceite y es una pringada, ¿te importaría darme también aceite por delante y por las piernas? -dijo Laura.
– Vale como quieras, la verdad que el aceite pringa un montón -dije yo.
Laura se dio la vuelta quedándose frente a mí. Sus tetas eran realmente bonitas, tenía unos pezones pequeños, duros y sonrosados inmersos en una pequeña aureola. Me daban ganas de abalanzarme sobre ellos y no dejar de chuparlos.
– Venga ponme un poco de aceite en los brazos, en las piernas y también en los pechos, no quiero quemarme con este sol que hace – dijo Laura.
Me puse el aceite en la mano y comencé a extenderlo por los brazos de Laura. De ahí pasé a sus piernas, con movimientos suaves y delicados. Tenía unos muslos fuertes y trabajados, para terminar extendiendo con mis manos el aceite por sus pechos….. Era una situación tan placentera que hubiera estado toda la tarde extendiendo aceite sobre ella. Poder tocar los pechos de Laura con los dedos embadurnados de aceite era algo que mi miembro no podía aguantar, de hecho, tuve tal erección que no hubo forma de disimular. Mi bañador no era capaz de sujetar mi polla en total erección y de esto último Laura se dio cuenta al instante.
– Que bien lo haces Alex -dijo ella- en un momento me has dado crema, y bajando la voz me dijo: me ha encantado, ha sido un gustazo.
– Me alegro Laura, ha sido una gozada -dije yo- en voz baja también.
– Ya me he dado cuenta, respondió guiñándome un ojo.
Laura se tumbó boca arriba en la toalla y se puso a tomar el sol, como si nada. Yo, en cambio, no sabía dónde meterme, totalmente empalmado frente a tres mujeres impresionantes.
Inés y Cecilia no habían perdido detalle de lo ocurrido y estaban alucinando con Laura, y se pusieron a hablar en voz baja.
– Cecilia, ¿has visto a Laura? -dijo Inés
– ¿Que si lo he visto? ¿Y has visto cómo le ha puesto al pobre Alex? -contestó ella
– Pobre, pobre, no sé… menuda polla que se gasta -dijo Inés.
– ¡Vaya paquete! pues sí que está bien dotado tu amigo -dijo Cecilia.
– Esta Laura no pierde el tiempo. Se lo quiere tirar a toda costa, sí o sí, continuó diciendo Cecilia.
– Pues algo habrá que hacer-dijo Inés.
Alex, después de extender el aceite a Laura, se dirige al agua para lavarse las manos y piensa si necesita meterse en el agua para bajar la erección, ya que está tremendamente excitado y no lo puede ocultar, cuando oye una voz que le llama:
– Alex, antes de que te laves,¿ me puedes dar aceite a mí también? – pregunta con cara de niña buena Inés.
– ¡Si claro! – contesta Alex confundido, pensando en lo que se le viene encima.
Alex es consciente de lo mucho que Inés le gusta, es su mujer ideal y perfecta. Sabe que si ella le propone lo mismo que Laura, no podrá aguantar, está demasiado excitado y solo pensar que va a rozar su piel.
Inés, por su parte, ha decidido anticiparse a Cecilia y no quedarse la última. No está muy segura de lo que va a hacer, pero ante sus amigas, no quiere quedar como una pardilla.
Inés se quita la parte de arriba del biquini y muestra sus dos perfectas tetas. Sí son perfectas porque así las considera Alex. Tienen un tamaño perfecto, son redondas y firmes, con unos pezones pequeños y una aureola pequeña y rosada.
– Venga, Alex, dame el aceite que con este sol, me quemo fijo -dijo Inés.
– Por donde empiezo, ¿espalda o pecho? contesta Alex.
– Por el pecho mejor, así no me quemo las tetas -dice Inés.
Alex comienza a extender el aceite por el pecho de Inés suavemente. Les dedica bastante tiempo y se permite acariciar los pezones con suavidad. El hecho de hacerlo muy suave y con el aceite, hace que Inés comience a gemir de placer…
– Qué gusto Alex, que bien lo hacessss -dice Inés-, ¡me encanta! Vaya manos que tienes… Se me ponen los pezones como piedras, sigue por favor…
Inés está muy excitada. No estaba segura, pero al sentir las manos de Alex en su cuerpo, ha hecho que despierte la hembra que lleva dentro, no puede aguantar la excitación, es más , está deseando ser excitada, no quiere parar, quiere más… Y Alex lo está consiguiendo, acaricia sus pechos con mucha ternura, se nota que él también está disfrutando. Toma los pezones con las yemas de los dedos y los presiona suavemente… Cada vez que hace esto, Inés deja escapar un pequeño gemido de placer. Pasa la mano untada en aceite por todo el contorno de sus pechos arrancando pequeños espasmos en cada caricia.
Laura y Cecilia no quitan ojo de lo que ocurre a su alrededor. Laura está tumbada en su toalla y disfruta viendo a Alex en acción, además ella ya ha recibido sus atenciones pero la que se encuentra totalmente excitada es Cecilia, que ve cómo sus amigas están recibiendo un masaje muy especial por parte de Alex. Esta última decide que cuando sea su turno” pondrá toda la carne en el asador”.
Mientras, Alex sigue a lo suyo, no deja ni un centímetro de piel de Inés sin tocar aprovecha la ocasión y masajea sensualmente el cuerpo de Inés.
– Date la vuelta Inés, le pide Alex.
– Lo que tú quieras, cariño, después de este masaje te dejo hacer lo que quieras- contesta ella.
Alex coge más aceite y apartando con una mano el culote del biquini, comienza a masajear el culo de Inés… Inés en cuanto nota la mano de Alex totalmente húmeda con el aceite, frotando su culo, empieza a mojar la tela del biquini por su parte delantera. Está totalmente excitada y su cuerpo responde a tanta excitación de forma natural. No puede contener ese torrente de flujos.
La cabeza de Inés no deja de dar vueltas a la situación. Está totalmente en manos de Alex, se dejaría hacer cualquier cosa…, está deseando ser penetrada por él, no lo puede evitar, es tal el grado de excitación que ya no hay vuelta atrás. Quiere tener sexo con su amigo y poco le importa que sus amigas estén allí, como si ellas se unen a la fiesta. Le da igual, ella solo desea estar con él.
Alex no puede más. Tener a su amiga medio desnuda en sus manos es demasiado para él, si encima sus amigas colaboran a que su excitación aumente… Su miembro ya está totalmente erecto y sus testículos le empiezan a doler. Nunca hubiera pensado que esta situación se iba a dar: Él solo, con tres mujeres bellísimas en un apartado rincón y encima pidiéndole que hiciera de masajista. De su polla empieza a salir liquido preseminal mojando todo el bañador, no se está corriendo, pero teme hacerlo si la situación continúa descontrolándose. Aún queda Cecilia y Alex no sabe qué va a pasar con ella, ¿le pedirá lo mismo que sus amigas?
Solo pensar que después de masajear a su amiga Inés puede venir Cecilia a pedirle lo mismo, hace que la polla de Alex de un respingo y vuelva a soltar más líquido. La licra del bañador está totalmente mojada y Alex empieza a pensar en las tetas de Cecilia, son las más grandes, pero están firmes y redondas.
Alex se centra en el culo de Inés y continúa con el masaje, los labios se ajustan al biquini y muestran la rajita totalmente mojada, en ese momento se da cuenta de que Inés también está excitada y muy húmeda.
Alex decide terminar con Inés y sopesa dos opciones: se va al agua y se baña para que se le baje el calentón o bien se va a un lugar un poco apartado a masturbarse. Lo que está claro es que algo tiene que hacer, si continúa así, se correrá sin remedio delante de sus amigas.
– Inés, ya he terminado -dije yo
– ¿Ya………? Con lo bien que estaba, muchas gracias, eres un encanto -dijo ella.
Inés se fue a su toalla y quedo tendida tomando el sol junto a Laura y rápidamente sin dejarme tiempo a reaccionar, Cecilia llamó mi atención:
– Alex, por favor ya solo te quedo yo, ¿te importaría? -dijo Cecilia.
– No claro, contesté yo, sabiendo lo que iba a ocurrir
Estaba claro que no podría aguantar otro masaje a una belleza como Cecilia. Solo pensarlo me producía un escalofrío. Era consciente que me correría de gusto al masajear las tremendas tetas de Cecilia, pensaba en sus labios tan sensuales y en cómo podría hacerme una mamada hasta hacerme eyacular en su boca, seguro que no dejaría escapar ni una gota y se tragaría todo mi semen.
Cecilia estaba tremenda, con un biquini blanco que se ajustaba como un guante, la parte de arriba apenas podía contener esas impresionantes tetas, para ser naturales no estaban pero que nada mal…………. desafiaban a la gravedad, se mantenían firmes a pesar de su tamaño.
Cecilia se desató la parte de arriba del biquini y se puso boca abajo y comencé a aplicar el aceite sobre su espalda, lo hacía suavemente y a cada caricia de mis manos, Cecilia respondía con un movimiento involuntario, se notaba que le estaba gustando. Yo seguía soltando líquido y mojándome cada vez más, ya que, veía el perfecto culo de Cecilia, tan redondo y de apariencia firme y trabajado y a mi mente llegaban imágenes de cómo sería penetrarlo y como me gustaría correrme dentro de él.
Pero la sorpresa fue mayúscula cuando Cecilia me dijo:
– Espera Alex, voy a quitarme la braguita del biquini para que no me manches, hoy he decidido tomar el sol desnuda, espero que no te importe.
– No me importa Cecilia, es más siempre es agradable ver a una mujer hermosa desnuda -dije yo.
Cecilia había decidido dar un paso más allá y ante sus amigas lanzó un órdago, tomaría el sol desnuda, sería la última en recibir las atenciones de Alex pero estaba decidida a disfrutar más que ellas del masaje.
Laura e Inés no daban crédito a lo que estaban viendo, su amiga se había quedado desnuda e iba a recibir un masaje por parte de Alex, el pobre no aguantaría con la presión.
Alex por su parte estaba en estado de shock, el masaje a Laura e Inés había sido muy especial, había disfrutado de cada poro de su piel, sus manos habían tocado cada pliegue, había tocado sus pechos perfectos, con sus manos llenas de aceite, lo cual hacía más sensual si cabe el masaje, pero tener a Cecilia totalmente desnuda esperando ser masajeada era algo que le superaba, veía sus grandes pechos y su perfecto culo y estaba ansioso por poner sus manos encima. Su polla había crecido de forma descomunal, nunca había alcanzado ese tamaño, estaba totalmente erecta y mojada, muy mojada.
Alex comenzó a masajear el culo de Cecilia, era un culo duro como había intuido, se notaba que Cecilia se esforzaba en el gimnasio, el aceite resbalaba por todo su contorno y Alex se ocupaba de que ni una gota se desperdiciara, continuamente frotaba con sus manos ese tremendo culo.
Cecilia decidida como estaba a disfrutar a tope de las atenciones por parte de Alex, abrió un poco las piernas dejando a la vista todo su sexo, el cual estaba totalmente depilado, unos labios abultados escondían la raja de su sexo que en ese preciso momento ya empezaba a mojarse, Cecilia estaba excitada, había tomado una decisión y no pensaba volverse atrás.
Alex decidió no cortarse un pelo y con un movimiento de sus dedos empezó a tocar el sexo de Cecilia con suavidad, aprovechó que su clítoris estaba abultado por la excitación y se dedicó a frotarle y a jugar con él. Ella, al notar la caricia y los dedos húmedos por el aceite, no pudo aguantar que un gemido de placer saliera de su boca, un escalofrío recorrió todo su cuerpo y automáticamente comenzó a correrse de gusto.
– ¡¡¡¡¡¡Guauuuuuuu, que gustoooo!!!!!! , dijo ella.
Laura e Inés que estaban viéndolo todo, comenzaron a excitarse también, veían perfectamente como Alex metía los dedos en el coño de Cecilia y como lograba sacar de ésta, unos gemidos que delataban el gusto que la estaba dando el masaje en cuestión.
Laura se llevó la mano a su sexo y empezó a frotarse el clítoris, no perdía detalle de la pareja. Cecilia tenía una cara de placer que dejaba a la vista lo que estaba gozando. Ella empezó a mojarse las yemas de los dedos, la masturbación estaba resultando placentera, quería recibir también las atenciones de Alex, pero no se conformaría con sus dedos, necesitaba también la polla de Alex, quería ser follada por él.
Alex notaba como Cecilia se estaba corriendo de gusto. A  pesar de tener los dedos mojados por el aceite, notaba perfectamente como Cecilia contraía su sexo y como salían flujos de placer, jugaba con su clítoris y veía lo hinchado que estaba. Además de vez en cuando echaba una mirada furtiva a sus dos amigas y podía comprobar cómo ambas se estaban tocando, se las notaba excitadas y no lo disimulaban.
Inés por su parte, tenía dos dedos dentro de su vagina, había iniciado un metesaca y estaba disfrutando de la masturbación, con otro dedo se frotaba el clítoris y el placer que sentía se reflejaba en su rostro, se mordía el labio y gemía de placer. Estaba fuera de sí, deseaba a Alex y quería ser follada por éste. Harta de que la parte inferior del biquini la molestara, se puso en pie y se la quitó bruscamente, continuó con la masturbación y ya sin impedimentos se corrió de gusto.
Laura no daba abasto, lo mismo miraba a Cecilia y Alex, que miraba a Inés en plena faena, veía como su amiga se estaba corriendo de gusto y a la pareja en pleno masaje, Cecilia ya no disimulaba los gemidos…………
– Que gozada Alexxxxxxxxxxx, me estoy corriendo enteraaaaa -decía Cecilia.
– Yoooo taaammmbiennnn mee corrooooo, diosssss, sorprendió a todos Inés.
De repente Inés se puso de pie otra vez y llegando hasta donde estaban Cecilia y Alex, se dirigió a Alex y le dijo:
– Alex cómeme el coño, estoy muy excitada y no aguanto más.
Alex que se encontraba agachado dando el aceite a Cecilia se encontró a Inés desnuda con su sexo a un palmo de su boca, continuó como pudo con el aceite y acercó con la otra mano el cuerpo de Inés hasta que pudo acceder con la lengua a su coño. Inés estaba completamente mojada, pero eso no fue impedimento para que Alex comenzara a pasar su lengua por todo su sexo, era una cosa que a Alex le encantaba, poder saborear el sexo de una mujer era algo que le fascinaba, además no se le daba mal………… siempre que lo había hecho, había conseguido unos tremendos orgasmos por parte de la mujer, lo cierto es que quedaban muy satisfechas del sexo oral que él las ofrecía.
El sexo de Inés olía a hembra. Alex estaba encantado con ese olor y cada lametón que le daba hacía sacudir el cuerpo de Inés. Sus piernas temblaban por el gusto que le estaba dando. Lamía sus labios y luego los apartaba para poder lamer el interior de su sexo, cada poco tiempo introducía su lengua en la vagina, haciendo que los gemidos fueran más evidentes. Pero lo que acabó de volver loca a Inés fue cuando Alex se centró en su clítoris, lo lamía con avidez y despacio alternativamente. Inés no tardó en correrse de gusto.
– Ahhhhhhhhhhhhhh, me corroooooooooo otraaaaaaaaaaa vezzzzzzzzzzz.
Los flujos salieron como una fuente, mojando completamente la boca y la cara de Alex, parecía que nunca tendrían fin, chorros y más chorros salían de su coño. Alex arrimó su boca al sexo de Inés para intentar seguir pasando la lengua, pero los chorros salían con tanta fuerza que le fue imposible continuar. Inés continuaba con un temblor de piernas cada vez más evidente, era tal, que Alex dudaba que pudiera seguir en pie. Cecilia, que había sido testigo de excepción de la enorme corrida por parte de Inés, se puso a cuatro patas y sin más preámbulos bajó el bañador a Alex dejando libre su tremenda polla, era de un tamaño considerable y de un grosor bastante aceptable, no se puede decir que fuera gigante, pero sí que estaba muy bien dotado. El miembro de Alex estaba totalmente lubricado, cosa que a Cecilia le pareció delicioso, ya que, sin dudarlo un instante se lo metió en la boca, empezó a chuparlo lentamente, insistiendo en la zona más sensible, aunque debido a lo excitada que estaba hizo un esfuerzo y engulló todo el miembro hasta los testículos.
Cecilia pensaba que se ahogaba, no podía aguantar semejante polla dentro de su boca, tenía dificultades para respirar, al ser tan gruesa y larga, ocupaba toda la boca y parte de la garganta. No tuvo más remedio que sacarla y continuar con la mamada más tranquilamente.
Alex por su parte, no se lo podía creer, estaba comiéndose el coño de su querida amiga Inés haciendo que ésta se corriese de gusto y a su vez Cecilia, la sensual Cecilia estaba haciéndole una mamada. Era consciente que se correría en breve, ni en sus mejores sueños hubiera imaginado una situación así.
Cecilia cogió la polla de Alex, se la colocó entre sus pechos y comenzó a masturbarle con ellos, Alex estaba en la gloria, tener su polla entre los pechos de Cecilia era una cosa que había soñado alguna que otra vez. Desde que la había visto en el gimnasio con un top ajustado junto a Inés, había formado parte de alguna de sus múltiples masturbaciones. Cecilia, como ya he dicho, tenía unas tetas grandes y casi perfectas, para mi gusto igual un poco grandes, aunque se mantenían firmes, pero para hacer una cubana eran simplemente perfectas. Cecilia aumentó el ritmo y Alex tuvo que dejar de lamer el clítoris de Inés puesto que, iba a correrse de un momento a otro y así se lo hizo saber a Cecilia:
– Ceciliaaaaaaa, ahhhh, me voy a corrrerrrrr, aaaahhhhhh
– Espera Alex, no quiero desperdiciar ni una sola gota -dijo ella.
– Que gozadaaaaaaa Ceciliaaaaaaa -contesté yo.
Cecilia dejó de masturbarme y rápidamente volvió a metérsela en la boca, yo, al sentir la humedad de su boca y labios, junto con el movimiento de su lengua no pude aguantarme y me corrí en su interior.
– AHHHHHHHHHHH me corrooooooooooooo, diosssssssssssssssssssssss
Cecilia no sacó la polla en ningún momento y tragó todo mi semen sin dudarlo un instante, era tal la corrida, que un montón de gotas se caían por la comisura de sus labios. Mis piernas temblaban por el gustazo que estaba sintiendo. Cecilia seguía tragando hasta que no quedó ni una gota. Después se sacó la polla, mostrándome la boca llena de semen y dejándome ver como se lo tragaba todo. Mi polla estaba reluciente y allí quedó a la vista de tres mujeres bellísimas. Yo, por aquel entonces, ya intuía que la cosa no iba a acabar así.
Laura, que había sido testigo de excepción, dejó de masturbarse, su coño estaba empapado, había tenido varios orgasmos gracias a las caricias de sus expertos dedos. Se puso en pie, se quitó la braguita del biquini y se dirigió hacia Alex con una sola idea: quería ser follada por éste.
Alex aún se estaba recuperando cuando sintió la mano de Laura en su miembro. Fue una caricia suave pero firme a la vez, estaba claro que Laura no iba a dejar las cosas así.

 

Autor: Martita

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *

Artículos similares

Login

Contraseña perdida?