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Quizás

Lo que vivimos fue un pestañeo, intenso, sutil pero impetuoso, como una gran ola que azota un risco. Ella, muy rígida y con inseguridades; él, solo buscaba un amor real y correspondido. El sentir su compañía hacía que su día tomara otra ruta y un desenlace distinto a la rutina diaria.
Era una mujer frágil, y al entrelazar miradas podías oír como crujía su gran y solitario corazón, sediento de soledad y tranquilidad debido a viejas heridas que aún no había podido sanar.
Lo impensable ocurrió, siendo una ironía o una treta de la vida. Él postró sus ojos sobre ella haciéndole ver un mundo diferente; en cambio ella solo veía los mismos tonos grises e inseguridades nublando su visión, formando un muro de grandes dimensiones aprisionando su hermosa y deslumbrante alma.
El deseo ferviente de poder alcanzar su corazón, hacía que él sufriera al paso de los días y viera los mismos tonos grises que ella acostumbra a ver en su diario vivir. No es capricho, ni menos obsesión, ya que a pesar de considerarnos seres racionales, cuando llega una persona que logra cavar profundamente en tu ser, no hay mucho más que entender. Sólo queda sentir y aceptar la realidad.
Querer sentir sus labios, una caricia o un saludo afectuoso es uno de los pequeños pero intensos momentos que él anhela y atesora como una gran fortuna, como un niño que solo piensa en el mejor escenario para no perder jamás.
Quizás no la pudo contener, quizás la culpa no solo fue de él, quizás nunca lo sabrá, solo sabe que al próximo amanecer ella no estará sonriendo y esperando con un beso diciendo “buenos días”, “buenas tardes” o “buenas noches”. Las palabras calan hondo. Sin quererlo, él abrió viejas heridas, dejándola expuesta y vulnerable, tornando un paisaje oscuro y hostil para ella y un pequeño infierno para él.

La expectativa es lo que lo angustia hasta la última célula de su cuerpo junto a una melancolía que lo acompaña en sus solitarios y helados días. Él sólo quiso entender antes que criticar; sólo quiso amar antes de odiar; sólo quiso defender lo que quizás nunca se pudo defender, de forma incondicional. En el fondo siempre existirá una brecha entre el que quiere y desea más, ya que no somos iguales. Por ende, uno amará y sufrirá más que el otro.

Con un mal sabor de boca, él trató de pedir perdón y comenzar otra vez, crear nuevos recuerdos, ser su compañero, amigo y amante… solo que ella no planeaba estar en esos deseados recuerdos. Probablemente ellos se sigan queriendo, pero nadie aseguró que serían felices juntos. Violento escenario, pero una de  tantas realidades que pueden ocurrir. Tratar de evitar, quedar expuesto, aterra hasta al ser más duro e insensible de todos. Los sentimientos duelen.

Viéndola a los ojos por última vez, sintió que su mundo ya no sería el mismo. Él no pudo decirle que, a pesar de ser algo breve, sintió cosas que jamás pensó que fueran posibles para él. Se enamoró de ella por su poca racionalidad, teniendo el consuelo de que en algún momento ella entendiera y aceptara sus sentimientos. En el fondo sabe que eso nunca ocurriría, pero se aferró a ello.
La tomó entre sus brazos, la besó como si fuera el último día de su vida, la miró fijamente diciendo: “perdón por no haber cumplido con tus expectativas. Si después de un tiempo aún tienes sentimientos por mí, búscame. Yo no lo haré, no podría soportar otro rechazo más. Mis sentimientos no cambiarán de la noche a la mañana. Te quiero, no lo dudes”
Tomó su rostro, se inclinó para darle un beso en su tibia frente, junto a unas lágrimas que corrían por sus mejillas ante la impotencia de no poder ver una luz de felicidad. Su voz sonaba quebrantada y dudosa, junto a un profundo suspiro y se armó de valor para poder decir las palabras más tristes de una noche fría y solitaria que no perdona nada: “Adiós”

Óscar

Autor: oscar

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