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Profesora particular

Martita nos envía un nuevo relato. Caliente como el verano. ¡Disfrútalo!.

Muchas gracias de nuevo Martita. !Estoy deseando leer el segundo capítulo!

PROFESORA PARTICULAR

Capítulo Primero

Hola a tod@s, os voy a contar mi experiencia con una chica que durante un tiempo fue mi profesora particular.
Me llamo Alex y por motivos de trabajo necesitaba un curso rápido, sencillo e intensivo de inglés. Tenía que salir al extranjero y necesitaba mejorar mi nivel, ya que, en mi empresa querían que después del verano me incorporara a una sucursal en un país anglosajón. Mi nivel del idioma no es muy alto y me puse manos a la obra para mejorarlo cuanto antes. Tenía los dos meses de verano para lograrlo. No sabía muy bien cómo, ya que, en verano las academias suelen estar cerradas y tampoco vi ningún cartel en el que alguien se ofreciera como profesor. Estaba en casa pensando en quién podría darme clases particulares cuando pensé en Marta. Ella era la persona ideal, aunque no sabía si podría, tendría que llamarla y preguntárselo.
Marta era una amiga con la que me llevaba bien, a pesar de que no nos veíamos con frecuencia. Era una chica muy guapa, rubia, estatura media, ojos claros, con un físico impresionante del cual resaltaría sus perfectas tetas. No eran muy grandes, pero eran firmes y con unos pezones pequeños, tenía el culo respingón y era una delicia poder admirarla. A mí siempre me gustaba estar con ella, aparte de que era una preciosidad de mujer, era una persona muy inteligente con la cual podías hablar de cualquier cosa. La pena es que nos veíamos muy poco, pero nos manteníamos en contacto por teléfono o por email.
Marta era una mujer a la que los idiomas se le daban muy bien, el inglés lo tenía controlado y estaba seguro que si ella podía, era la persona adecuada.
Rápidamente cogí el teléfono y marqué su número:
-Marta, hola guapa ¿qué tal?
– Hombre Alex, cuanto tiempo, ¿cómo estás?
– Estoy bien, gracias. Marta necesito tu ayuda
– Dime, ¿qué pasa?
– Verás, me voy después del verano una temporada al extranjero a trabajar y necesito mejorar mi inglés. Empieza el verano ahora y necesito unas clases. Sería solo repasar las frases más comunes y el vocabulario más elemental para el día a día. Había pensado en ti como profesora, dime que no tienes planes y que podrás ayudarme, por favor, por favor.
– A ver Alex, tenía pensado irme unos días a la playa, pero si de verdad necesitas mi ayuda lo dejaré para septiembre, para eso están los amigos.
– Gracias Marta me has salvado la vida, contigo estoy seguro que aprenderé un montón de cosas y además pienso pagarte bien, ¡vale!
– No hace falta que me pagues, además no sé qué tal profesora voy a ser.
-Vas a ser la mejor, ¿puedes empezar el lunes? Si te parece bien quedamos en mi casa y allí damos las clases.
Marta y yo no vivíamos lejos el uno del otro. Mi casa era más grande y disponía de una habitación que hacía las veces de despacho, así que, era el sitio ideal para las clases.
-De acuerdo, dijo ella, el lunes empezamos, voy a tener que prepararme unas clases a ver que te doy, ¿a qué hora?
– Cuando te venga a ti bien, contesté
– Empezamos con una hora y media a ver como se te da, ¡vale!, -dijo Marta-, ¿te perece bien a las ocho de la tarde?
-Me parece bien- dije-
-Hasta el lunes entonces
– Muy bien guapa, gracias y el lunes nos vemos.
Yo estaba muy contento, había encontrado a mi profesora a la primera y encima era Marta, mi amiga del instituto. Una mujer buena donde las haya, siempre preocupada por los demás e intentando ayudar a quien lo necesite.
Estaba deseando empezar las clases, tenía que mejorar mi inglés si no, lo pasaría mal. Limpié la casa a fondo durante el fin de semana y lo dejé todo preparado para el lunes. Compré comida porque quería invitar a Marta a cenar después de las clases como agradecimiento.
El lunes por la tarde llegó y Marta se presentó puntual en casa. Esta era una de sus cualidades. Parecía una alemana tanto físicamente como mentalmente, era disciplinada, ordenada, etc.
Llamaron al timbre y al abrir la puerta me encontré con una preciosidad de mujer, estaba guapísima, me saludó con su sonrisa habitual.
– Hola Alex, ya estoy aquí,- dijo ella-
– ¡Cuánto tiempo Marta!, y tras darle dos besos –dije- estás guapísima.
– Gracias
– Pasa por favor, estás en tu casa.
Entramos en casa y fuimos al salón. Antes de empezar me apetecía charlar un poco y así se lo hice saber. Nos sentamos en el sofá, nos tomamos un refresco y nos pusimos al día de nuestras cosas.
Antes de nada quiero contaros como vestía Marta: llevaba un vestido de verano de color rojo, el cual, dejaba sus hombros descubiertos y unas sandalias, el vestido remarcaba su bella figura. He de reconocer que el color rojo le sentaba de maravilla, con ese culito respingón que tenía le daba un cierto vuelo al vestido por atrás y sus perfectos pechos estaban firmes y erguidos. Yo diría que no llevaba sujetador, ya que, como dije anteriormente, a Marta no le hacía falta si no quería. El pelo lo llevaba liso y le sentaba genial, parecía una ejecutiva.
Después de “actualizarnos”, le mostré la casa y luego fuimos al despacho donde daríamos las clases, como hacía calor puse al aire acondicionado y comenzamos la clase. Tanto Marta como yo nos tomábamos las clases en serio, yo me jugaba mucho y ella era una mujer responsable y quería ayudarme de verdad.
Marta estaba de pie junto a la pizarra y yo sentado haciendo los ejercicios que ella me mandaba, cuando tenía dudas de cómo hacerlo, ella se acercaba a explicarme óomo se hacían. Y ahí empezó el quid de la cuestión. Cada vez que Marta se acercaba a mí era un suplicio, pero no del malo, sino del que gusta. Olía tan bien que su olor lo impregnaba todo. Era un olor frutal en el que predominaba la fresa y el hecho de estar tan cerca y a veces, pegados nuestros brazos, hacía que fuera una sensación única.
Marta se acercaba y al agacharse a explicarme las cosas hacía que nuestras caras quedaran a la misma altura. Su olor penetraba en mí haciéndome estremecer, yo ya no podía atender a sus explicaciones, todo mi yo, se centraba en Marta, en lo bien que olía, en lo guapa que era, en su sonrisa, en su amabilidad y en un momento dado y debido al aire frío, en sus pezones, los cuales se marcaban a través de la tela del vestido confirmando mi primera impresión con respecto a si llevaba o no sujetador, eran unos pezones pequeños, pero estaban duros debido al aire gélido que circulaba por el despacho, se marcaban perfectamente, era tal la visión que tenía de ellos, tan cerca de mi boca estaban, que si hubiera querido los habría alcanzado sin problema. Mi cabeza ya no obedecía, mis ojos ya no se apartaban de aquellos pezones y mi mente empezó a imaginar cómo sería tenerlos entre mis labios.
Como os podréis imaginar mi erección era más que evidente, yo que llevaba unos pantalones cortos de licra y una camiseta, no podía evitar que mi polla estuviese totalmente tiesa. La conexión entre mi cerebro y mi miembro fue instantánea, fue ver a Marta así y la erección no tardó en aparecer.
Pero lo peor estaba por llegar; Marta me pidió que saliera a la pizarra que tenía para escribir unas expresiones y claro, yo no podía negarme, así que, totalmente empalmado y con mi polla a punto de reventar, salí a la pizarra a escribir, la licra no podía esconder lo evidente y ella fue testigo del pedazo de erección que llevaba. Marta no dijo nada pero no podía apartar su mirada de mi polla, encima la licra no escondía lo evidente y mi polla estaba ladeada a la izquierda que es donde se encontraba Marta, por lo tanto, tenía una visión privilegiada.
Marta seguía mandándome escribir cosas, yo creo que estaba disfrutando con la vista y no quería que terminara tan pronto, yo mientras, le miraba de reojo cuando escribía y podía ver que no apartaba la vista de mis pantalones.

Cuando terminaba alguna frase me volvía totalmente frente a ella y podía intuir su mirada, como diciéndome: te estoy viendo totalmente empalmado y me gusta lo que veo. Un par de veces dejó salir de sus labios una sonrisa pícara.
Una vez hube terminado en la pizarra me volví a sentar y Marta me dejó unos deberes para hacer y dio por concluida la primera clase.
La invité a cenar pero se negó diciendo que tenía una reunión de vecinos y que no podía faltar, que lo dejáramos para el día siguiente y así lo acordamos. Nos despedimos con dos besos hasta el día siguiente.
Mi cabeza daba vueltas a lo que había pasado; si solo por haber visto los pezones de Marta a través del vestido ya estaba empalmado, y eso el primer día, si aún quedaba una eternidad. Aunque he de reconocer que Marta no es una mujer normal, está muy buena, aunque suene un poco ordinario, es muy guapa y con sus tetas tan bien puestas no hay quien se resista, pocas mujeres habrá con unas tetas como las de ella, son de un tamaño ideal y se nota que hace deporte y las mantiene firmes y erguidas, por este motivo tengo una excusa creíble, no es raro que me haya excitado por estar al lado de semejante mujer, además el vestido que llevaba ayudaba a la imaginación, su culo se notaba a la perfección.
Marta por su parte también le daba vueltas al asunto, había visto y bien visto como su amigo Alex estaba empalmado, con una polla que no dejaba nada a la imaginación, se la veía de un tamaño considerable y ella sabía porque se había puesto su amigo así, había notado como el aire frío la endureció los pezones y claro al no llevar sujetador, fue inevitable que estos se marcaran a través de la fina tela del vestido.
La verdad es que se sentía halagada, que un hombre como Alex se fijara en ella era halagador, él no era una belleza, pero tenía un cuerpo atlético, unos ojos bonitos, era simpático, podías hablar de cualquier cosa con él, era reservado y alguien en quien poder confiar, ya que, nunca contaría los secretos, era lo que se dice un verdadero amigo y no le importaría salir con alguien como él, además visto lo visto , tenía una poderosa razón y de un gran tamaño, je, je, je.
Marta asistió a la reunión de vecinos y al concluir ésta, subió a su casa. Al entrar, puso música relajante y fue directa a darse un baño, necesitaba un poco de relax. Con el agua bien caliente, como a ella le gustaba, se sumergió en la bañera y allí dejó volar su imaginación.
Soñaba con Alex y como le estaba dando placer, estaban en su habitación, encima de la cama , ella tumbada y él pasando sus labios por su sexo, despacio, muy despacio, abarcaba con su lengua todos sus labios, lamia despacio saboreando cada poro de su piel, Marta se estremecía, cada lametazo hacía que un escalofrío recorriese su espalda, le daba tanto gusto que no tardaría en correrse, Alex no tenía prisa, quería gozar de aquella mujer y por supuesto hacerla gozar a ella, sabía muy bien lo que hacía, le gustaba el sexo oral, era una de sus cosas favoritas y a juzgar por los resultados no se le daba mal. Tenía paciencia, no quería penetrarla hasta que no estuviera lista y a ser posible que ella se lo pidiese, cosa que sucedía constantemente, era un artista del sexo oral, saboreaba cada poro, le gustaban los olores que desprendían los sexos de las mujeres, sabía dónde lamer en cada momento y sabía lo que la mujer necesitaba. Por lo general y si tenía tiempo, la mujer se corría un montón de veces. Lo que más le gustaba era cuando se corrían en su boca o en su cara, nunca apartaba la cara o la boca, dejaba que la mujer se corriera de gusto a su antojo, cuando su cuerpo ya no podía más, cuando el placer era tan intenso que ya no había vuelta atrás.
Cuando Alex se centraba en el clítoris era un auténtico experto, la mujer gemía, gritaba, se retorcía de gusto hasta que al final explotaba y se corría como una fuente. La mayoría de las veces había que dejar que la mujer se recuperase, la sensibilidad del clítoris era tal, que necesitaban descanso, no aguantaban los continuos pases con la lengua. En alguna ocasión Alex utilizaba su potente lengua para penetrar a la mujer, era una cosa que siempre agradecían, eran sorprendidas por la fuerza de semejante músculo.
Marta seguía tocándose, movía sus dedos en círculo, acariciaba su botón y el placer que sentía era enorme, con la otra mano empezó a meterse un dedo sintiendo la necesidad de masturbarse, allí en el baño, después empezó con otro dedo y acabó metiéndose los dos dedos, que junto con las caricias a su clítoris, desembocaron en un orgasmo brutal. Marta solo pensaba en la tremenda polla de su amigo, lo gorda que era y como la encantaría tenerla dentro de sí, incluso imaginó tenerla dentro de su boca y como sería cuando él se corriera dentro, ¿sería capaz de tragar todo el semen?, ¿podría metérsela entera en la boca? Marta seguía tocándose y al imaginar cómo sería la corrida de su amigo en su cara, llegó a otro orgasmo bestial, Marta gemía, bueno más bien, gritaba de placer, y tras dos tremendos orgasmos, quedó relajada dentro de su bañera.
Alex por su parte había recurrido al mismo método, no pudiendo bajar la erección, decidió masturbarse pensando en su amiga Marta, fue a la ducha y allí bajo el agua tibia, junto con la espuma del gel de baño, comenzó a pensar en su amiga y en la suerte que tenía de poder verla todos los días y disfrutar de semejante mujer y quién sabe si algún día poder disfrutar del sexo con ella.
Se imaginó que estaban allí mismo en la ducha, Marta con su polla en la boca lamiendo cada centímetro, pasando la lengua lentamente por el glande dando a Alex un placer indescriptible, él por su parte tocando suavemente los pechos de ella, acariciando los pezones duros como piedras que habían sido los culpables de semejante situación. Marta mientras se lleva la polla a su boca, le mira a los ojos, quiere ver su reacción, quiere comprobar si le está gustando, si lo hace bien y a juzgar la cara que pone Alex, desde luego que lo está haciendo bien.
Alex levanta a Marta y se funden en un largo beso, hay pasión y desenfreno, se agacha levemente hasta alcanzar con su boca los pechos de ella, los lame con delicadeza, saborea sus pezones, los mordisquea y esto la vuelve loca, Marta está excitadísima, sabe que no podrá aguantar mucho, quiere correrse de gusto porque Alex la está matando de placer. A la vez que juega con sus pechos, está introduciendo sus dedos en su sexo, acaricia su clítoris y no deja de meter y sacar sus dedos, Marta ya no aguanta y se corre con un gran gemido
– ¡Ah!, me corro, dios que gusto, ¡ah!, sigue, ¡no pares por favor!
Alex continúa y ella no puede evitar correrse otra vez, esta vez soltando un gran torrente de flujos.
– Madre mía que placer, me corro ¡ah!
Alex no quiere desaprovechar la ocasión y se agacha hasta que su boca encuentra el sexo de Marta, comienza a saborear su sexo y a jugar con su lengua, Marta está fuera de sí, recibe tanto placer que no puede contenerse, grita, chilla y por supuesto se vuelve a correr de gusto, Alex tiene que sujetarle las piernas porque no puede mantenerse en pie y a su vez recibe toda su corrida en su boca, saboreando todo sus jugos.
-¡Métemela ya!, Alex quiero sentirla dentro de mí, -dice ella-.
-Quiero que me des duro, necesito sentir esa polla hasta el fondo.
Alex introduce su miembro despacio y con tanta lubricación entra sin ningún problema y Marta gime al sentir la dureza de su miembro dentro
-¡Ah! qué bien, que gusto, -dice Marta-.
Comienza a moverse, primero lentamente, pero enseguida sigue con un ritmo endiablado, Marta aguanta las embestidas apoyada en la pared y gozando como nunca lo había hecho, Alex está concentrado y no afloja sus acometidas, sus penetraciones se oyen en toda la casa, mantiene un ritmo constante y frenético que hace que Marta se corra como nunca lo había hecho:
– ¡Ah, dios!
Alex está a punto de correrse también, notar como Marta se ha corrido ha sido demasiado para él, se saca la polla y Marta que se da cuenta de que va a estallar le dice:
– Córrete en mis tetas, quiero sentir tu leche calentita.
– Me vuelven loco tus tetas Marta, son perfectas, dice Alex
Acto seguido comienzan a salir chorros y más chorros de semen que cubren totalmente los pechos de Marta, ésta se ve sorprendida por la gran cantidad:
– ¡Qué pasada!, cómo me estás poniendo Alex
Marta queda cubierta de leche y con una gran sonrisa de satisfacción en su cara por lo bien que lo ha pasado con su amigo del alma.
Alex abre los ojos y descubre que acaba de masturbarse en la ducha de su casa, pensando que su amiga Marta estaba con él.

Continuará…

 

Autor: Martita

Comentarios (2)

  1. La prostitución es uno de los principales motores de la economía, estamos hablando de miles de millones de euros al año, que entran en forma de servicios sexuales ya sea por agencias, por clubs o por chicas independientes que ofrecen sus servicios en su propia casa.

    El sector más estandarizado es el de los clubs y agencias de escorts, ya que disponen de unas perfectas instalaciones que hacen que tengan una magia especial y en los que se suele disfrutar de muchas chicas para elegir y de un ambiente muy selecto.

    • Martita dice:

      No entiendo a que viene este comentario. Yo solamente quiero mostrar al mundo uno de mis relatos y si alguien los comenta, me gustaría que fuera para decir que le han parecido.

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