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Nuestra canción y tu cuerpo desnudo

Ella sentada con sus cosas  en la habitación, yo leía un libro largo hasta que me quedé dormido.

Llevábamos media semana de besos restringidos, caricias con el crédito agotado y nuestras manos enfadadas.

Entre sueños escuche nuestra canción, fui despertándome poco a poco, sin abrir los ojos del todo, sentí el olor agradable de su pelo amarillo recién lavado cerca de mi cara.

Toqué con prudencia los firmes senos que miraban mis ojos, besé el vientre liso que tenía encima, mordí la boca que nunca habla y aunque aún no nos habíamos perdonado, me deje caer dentro de nuestro placer.

Me quite raudo la ropa, sentí su piel pegada a mi piel y el banco del amor nos concedió otro préstamo a fondo perdido.
Después de hacer funcionar el reloj al revés y practicar sexo antológico, nos abrazamos un rato largo en el colchón silencioso y me detuve a observar profundamente la mirada brillante del color de un botellín de cerveza.

Esa tarde, aprendí a decirle “te necesito” sin tener que pronunciarlo, sin necesidad de hablar y sin pronunciar; ¿me perdonas?

 

Autor: Arturo

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