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MIRANDO A VOCES

Con el corazón lleno de cicatrices, causa de mis propios sueños, he conseguido que estos ojos pardos alcancen no solo las miradas más esquivas, sino los sueños que no se dejan ver a través de ellas. Aquí sentado, con una pierna cruzada sobre la otra y las manos abrazadas en mi regazo, suspiro bajo la tarde nublada… y tú estás ahí, frente a mí, convencido de ser el dueño de tus secretos.

Notas como está lloviendo fuerte dentro de ti, te paras frente al espejo mirándote fijamente e intentas convencerte de lo contrario, de que no la quieres, intentas negarte a ti mismo… pero no puedes. Caminas pesado hacia tu cuarto deseando que el pasillo fuese más largo para tardar un poco más en tumbarte sobre esa cama y encontrarte con la musa de tus sueños. Tal vez es el momento de dejar de preguntarte lo que ella siente y de decírselo, puedes hacerlo como quieras… pero díselo. No tiene por qué ser hoy, puede ser mañana, pero también pudo ser ayer, así que ¿por qué no va a ser hoy? No esperes encontrar un buen momento para hacerlo, no existe tal momento y aún si existe, llegado éste, apuesto a que ya no sentirás ese fuego que te empuja en este instante. Tu corazón, impaciente, amenaza con salir de tu pecho, tu cabeza empieza a dejar de lado sus tareas para soñar con ella, y tú, estás nervioso, no puedes probar bocado, quieres hacer una llamada y gritarlo todo… es el momento, pero claro, qué pensará de ti, qué pensarán de ti… siempre la misma pregunta que frena nuestros impulsos más reales para devolvernos al concepto de cordura en el que vivimos encerrados.

Pero que sería del amor si no diésemos el paso a cometer una locura… el amor es un asunto de locos, alguien que ama cuerdamente solo cree que ama, pero se equivoca, es diferente. Abraza ese dolor que te consume, pues muchos venderían su alma por sentirlo una sola vez, por soñar como tú lo haces, por hacer amor de sí mismos, por ver convertidos sus sentidos en poesía. Ya casi llegas a la salida pero no tienes el valor de cruzarla, no te atreves a ver lo que viene tras abrir tu corazón. Sabes que con las puertas abiertas todo hará más daño, serás un blanco fácil, pero aun así… hazlo, díselo, no tengas miedo, los corazones heridos sanan pero los corazones cerrados se convertirán en piedra y no habrá quien los ayude a amar de nuevo como se ama de verdad.

Sí, podía verlo todo a través de ti pero, aunque quise, no pude decirte nada, no encontré el momento cuando debería haber sido cualquiera. Sé que tú también podías verlo en mí, podías sentir el fuerte viento que revolvía todo en mi interior, olía a ella. Mi suspiro te susurró que lo que echaba de menos no era el azul del cielo, sino los rayos de sol que encendían su cabello para matar de envidia a la primavera. Nuestros silencios hacían tanto ruido que tuvimos que alejarnos el uno del otro y entonces sonreíste a la vez que yo. Cada uno tomó su camino y mientras avanzaba traté de cerrar los ojos para no verla, pero no podía evitarlo, ella estaba en todas partes…

Ortega-Sánchez, G.

https://gonzaloos.wordpress.com/

 

Autor: Gonzalo

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