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Mi jefa, esa diosa

Hoy publicamos el quinto capítulo del relato “Mi jefa, esa diosa”, enviado por “Martita”. Estaremos pendientes de los siguientes capítulos. Gracias Martita.

Mi jefa, esa diosa

Hola:

Te voy a contar mi última fantasía. Pertenece a unos de mis múltiples sueños de los cuales te voy a hacer partícipe.

Me llamo Alex y trabajo en una empresa como jefe de departamento. Hace unos días se presentó en mi empresa la nueva jefa de personal, ósea mi nueva jefa. Se llama Marta y te la describiré un poco: es una mujer joven de unos treinta y cinco años, rubia, estatura media, guapa, con un cuerpo que sin ser espectacular sí que llama la atención por estar bien formado. Tiene un buen culo y sobre todo un par de tetas bien puestas con un tamaño medio (yo diría que una talla 90) pero erguidas y apetecibles. La nueva jefa era muy simpática y enseguida hicimos buenas migas. Trabajábamos mucho y pasábamos muchas horas juntos.
En la empresa teníamos gimnasio propio y casi todos los días nos íbamos juntos a hacer deporte y de paso cotillear un poco. Unos días hacíamos bici, otros pesas, los menos carreras…
Yo no la trataba a ella como jefa sino más bien como colega y ella a mí también. Poco a poco íbamos congeniando y cogiendo confianza. Lo cierto es que lo pasábamos muy bien juntos. Era, sin lugar a dudas, la mejor hora de la jornada de trabajo. Lo más relajante eran los ejercicios de recuperación después de darnos la paliza en el gimnasio, ya que me permitía poder tocar sus piernas y también ser masajeado por ella.
Durante las sesiones en la bici estática hablábamos de todo, incluidos temas sexuales. No teníamos vergüenza y éramos muy correctos los dos. No sé ella pero a mí me ganó enseguida. La consideré una buena amiga en poco tiempo. Era una mujer genial y no entendía como estaba sin pareja, cualquier hombre con dos dedos de frente la querría como pareja. ¡Si era un bombón…… y encima muy lista e inteligente!.
Pero un día después de varios meses cambió el concepto que tenía de Marta.
Habíamos estado haciendo deporte y al terminar nos dirigimos a las duchas. Yo, antes de entrar al vestuario, me entretuve con un compañero y al ir a la ducha comprobé que en el vestuario masculino no había agua, estaba cortada por avería. Después de estar un rato pensando que hacer, decidí entrar en el vestuario femenino y ver si Marta había terminado para que me dejara ducharme allí. Llamé a la puerta y no me contestó nadie. Entré despacio y llamé a Marta pero el vestuario era grande y con el ruido del agua no me oyó. Noté que al fondo del mismo había una ducha abierta y supuse que ahí estaba Marta. No puedes imaginar cómo me encontraba yo, era una mezcla de miedo y excitación…
Me adentré en el vestuario y observé que Marta había dejado la ropa usada en el suelo y que encima de un banco tenía la ropa que pensaba ponerse. Rápidamente vi su ropa interior. Era de color rojo, la braguita parecía de licra y el sujetador era de esos que tienen encajes y transparencias para mostrar esos ricos pezones. Por cierto, los de Marta son pequeños y cuando se ponen duros son una delicia para la vista. Me acerqué a esas prendas y las toqué con delicadeza. Eran suaves y olían muy bien.
Estaba en medio de ese vestuario y no sabía qué hacer, si salir y esperar o adentrarme un poco más y arriesgarme a ser pillado por Marta, lo cual supondría un duro revés a nuestra amistad. Pero como estaba súperexcitado decidí avanzar más. Yo iba con un pantalón corto de deporte que apenas podía contener mi polla. Si Marta salía de la ducha y me pillaba así tendría problemas.
Al acercarme más me di cuenta de que había dejado un poco abierta la puerta de la ducha y si me colocaba bien, podía observarla sin ser visto, cosa que hice y pude contemplar ese culo tan apetitoso puesto que estaba de espaldas.
Yo ya no aguantaba más y me saque la polla del pantalón y empecé un lento vaivén de arriba abajo: Mi capullo quedó libre y empezó a crecer ante tanto deseo. Ella, mientras tanto, seguía de espaldas dejando correr el agua por toda su piel. Pero una cosa me llamó la atención, tenía una mano en la entrepierna y la estaba moviendo. Eso me hizo pensar que se estaba masturbando.
Al cabo de unos minutos se dio la vuelta y me di cuenta de lo buena que estaba. Tenía unas tetas que ya quisieran muchas chicas de veinte años para ellas. Eran perfectas. Tenían un tamaño ideal para cogerlas con una mano y llevarse a la boca esos pezones rosados que en aquel momento estaban tan duros. El pubis lo tenía arreglado, sin llegar a estar totalmente depilado , del cual sobresalían unos labios que pedían a gritos que alguien se los llevara a la boca. También pude ver claramente cómo lo hacía. Se tocaba el clítoris con un dedo y luego se introducía dos en su vagina. Lo hacía con los ojos cerrados y mordiéndose el labio. Se notaba que estaba tan excitada como yo. Al principio lo hacía despacio, disfrutando del momento, pero según avanzaba, su deseo lo hacía frenéticamente, hasta que un arqueamiento de su espalda y un gemido que no pudo contener, anunciaba un tremendo orgasmo. Se apartó un poco del chorro de la ducha y pude ver cómo se corrió abundantemente. Chorros de sus jugos más íntimos salían de forma incontrolada y lo que más me sorprendió fue que de sus labios saliera mi nombre.
Yo salí de aquel vestuario rápidamente. Tenía la polla llena de líquido pre-seminal. Estaba empapado, no faltaba nada para que me corriera, solo con pensar lo que había dicho Marta me volvía loco de excitación.
Cuál fue mi sorpresa cuando al entrar en mi vestuario de un grifo empezó a caer agua, alguien lo había dejado abierto. Así pues, me fui a duchar. Falta me hacía porque el olor a sexo era más que evidente.
Me desnudé y al entrar en la ducha deje la puerta entreabierta, ya que, a esas horas no entraba nadie. Dejé correr el agua y comencé a ducharme, aunque ya había decidido que me iba a masturbar. Lo haría pensando en Marta, en lo buena que estaba, en cómo se había masturbado, en cómo me había nombrado en el momento del orgasmo, en cómo se había corrido, en definitiva me iba a masturbar pensando en ella. Tenía la polla en todo mi esplendor. He de decir que no es muy grande, un tamaño normal quizás un poco más gruesa, pero nada bestial. Empecé el movimiento. Ya estaba lubricada, lo cual facilitaba el roce y en mi cabeza ya solo había sitio para Marta. Era cuestión de minutos que llegara el orgasmo.
De repente oí un ruido, no muy fuerte. Me pareció una puerta y me mantuve alerta. Solo faltaba que entrara algún compañero y me viera así. Pero cuál fue mi sorpresa al ver la silueta de Marta a través de un espejo. Había entrado en mi vestuario y se acercaba sigilosa a mi ducha, aunque se mantenía a cierta distancia. Vi perfectamente cómo se colocaba detrás de una columna pero a través del espejo podía verme claramente.
Entonces decidí pagarla con la misma moneda. Me di la vuelta para que pudiera verme de frente y sin mirarla para no delatarme, comencé la masturbación. Como sabía que me estaba mirando, me lo tomé con calma. Subía y bajaba el prepucio lentamente, dejando el capullo al descubierto.
Mi polla tenía un grosor y una longitud un poco más grande de lo habitual. Tenerla a ella mirando era un aliciente y cuando ya estaba seguro de que no perdía detalle, cerré los ojos y empecé a susurrar su nombre: Marta, Marta, que buena está…, te follaría una y mil veces…Me correría en tu boca…Me encantaría metértela por ese culito que tienes…Déjame correrme en tus tetas…Marta córrete en mi boca… ¿Me dejarás comerme tu clítoris Marta? Y esas tetas Marta ¿las puedo chupar?
Sabía que no aguantaría mucho, porque lo que decía, lo decía en serio. Me gustaría hacérselo todo y sabiendo que estaba allí cerca era demasiado para mí. Hacía mucho tiempo que no me corría y sabía que la corrida sería abundante. Me giré un poco para no mancharlo todo y pensando en que me corría en sus tetas, eyaculé como nunca lo había hecho. Salían chorros de semen una y otra vez. Lo puse todo perdido pensando que podía haberme corrido de verdad encima de Marta, donde ella hubiera querido, dentro de su coñito, quizás dentro de su culito, en su boca, en sus pechos….
Lo poco que pude y quise ver, a través del espejo, fue la cara de Marta cuando eyaculé. Era una mezcla de susto, deseo, ansia, vicio…
No quise mirar más por no descubrirla o descubrirme, pero a partir de ese día las cosas cambiarían. Empezaría a trazar un plan para que Marta fuera mía. Me había propuesto follarme a esa preciosidad de mujer. Creo que a ella también la apetecería follarme. Solo pensaba cómo hacerme con ese culo perfecto. Cómo la metería la lengua en él. Cómo la comería el clítoris y los labios vaginales hasta que se corriera una y otra vez. Me pediría que parase porque no aguantaría más el placer que sentía. La comería las tetas como nadie se lo ha hecho, con delicadeza y chupando y mordisqueando esos pequeños pezones que se ponen duros como piedras. Y todo esto tratándola como se merece, como una verdadera diosa.

Capítulo segundo

Había descubierto a mi jefa en plena masturbación y decidí poner en marcha un plan para poder follármela, pero tenía claro que me lo tendría que suplicar. Necesitaba excitarla tanto, ponerla tan caliente que no la quedaría más remedio que pedírmelo. Y empecé a trabajar para conseguirlo.
Invité a Marta a pasar unos días en mi casa del pueblo. Lo mejor que tenía esa casa era que estaba un poco alejada, con lo cual la tranquilidad estaba garantizada y tenía un hermoso jardín con piscina.
Marta necesitaba desconectar de la oficina y no lo dudó un instante. Quedamos dos días después y nos fuimos al pueblo, en la sierra de Extremadura.
Llegamos al mediodía y mientras Marta se alojaba en la habitación que le había asignado (una con vistas al jardín y a la piscina) me fui a comprar algo de comida.
Cuando llegué, Marta ya tenía toda la ropa colocada y estaba en el jardín leyendo unos apuntes que se había traído, ya que tenía un examen de inglés dentro de poco y quería repasar. Estaba radiante con su vestido blanco de verano. Le sentaba como un guante. No era espectacular pero estaba muy bien formada. Tenía una figura que parecía una lolita. Era delgada, rubia, culo bien formado y unos pechos que eran muy apetitosos, con un tamaño medio pero muy bien puestos.
Le llamé para que supiera que ya había llegado y antes de ir a mi habitación a cambiarme para empezar a preparar la comida, le enseñe toda la casa. Por supuesto, teníamos las habitaciones contiguas. No quería que estuviera muy lejos.

Como hacía mucho calor, era julio, decidí ponerme unos pantalones cortos de licra. Quería mostrar a Marta todos mis atributos cuando estuviera totalmente excitado. Sabía que, a lo largo del día, estando con esa mujer tan sexy, tendría momentos de excitación a raudales.
Bajé a la cocina y empecé a preparar la comida, Marta se ofreció a ayudar y yo, muy amablemente, le coloqué un delantal y le encomendé las primeras tareas. Ella se encargaría de la ensalada y yo prepararía la pasta. Comenzó a lavar la lechuga y yo me dirigí a la fregadera de la cocina a coger agua para cocer la pasta.
Ella también se había cambiado de ropa, había sustituido el vestido por unos pantalones cortos y una camiseta de tirantes por la que se transparentaban esos pechos tan apetitosos, ya que no llevaba sujetador.
Yo, al ver como se marcaban en la tela de la camiseta esos pezones pequeños pero duros ya estaba a mil. No podía disimular la erección, se notaba a la legua. La licra no podía ocultar lo evidente, cosa de la cual estaba contento. Al ir a coger el agua no aparté a Marta de la fregadera sino que la rodee con los brazos y me hice un sitio para llenar la cazuela. Ella se sorprendió al principio pero se dejó hacer. Yo estaba tan arrimado que puse todo mi paquete en su culo. Ella lo notó pero no hizo nada. Dejó escapar una pequeña sonrisa nada más y al apartarme con el agua no pudo evitar mirar mi entrepierna. Así fue consciente de lo excitado que estaba. Yo no paraba en la cocina y ella no dejaba de mirarme con disimulo, sabia y veía que tenía la polla durísima.
Empezamos a comer y tras los postres nos tomamos un café y un chupito en el jardín. Me confesó que estaba acostumbrada a echarse la siesta y que si no me importaba iba a descansar un rato. La comenté que aprovecharía para tomar el sol un rato.
Subimos juntos a las habitaciones, yo a por mí bañador y ella a descansar. Cuando estuve cambiado me acordé que necesitaría a alguien que me echara crema en la espalda, así que, llamé a la puerta de su habitación. Salió y la explique el problema. Como ya llevaba la crema en la mano accedió a dármela allí mismo.

Se había quitado el pantalón corto y había salido al pasillo con una braguita blanca de encaje y la camiseta de tirantes. Estaba radiante, guapísima. Los pezones seguían bien erguidos y podía intuir sus rosadas aureolas. Yo, por supuesto, volvía a estar a tope. Menos mal que estaba de espaldas. Aun así ella se dio cuenta de mi excitación.
Le di las gracias y quedamos para más tarde en el jardín. Me acomodé en una tumbona y empecé a disfrutar de aquel sol de justicia.

Había colocado la tumbona en un lugar en el que Marta pudiera verme bien. Después de diez minutos al sol, decidí quitarme el bañador y tomar el sol desnudo. En aquel jardín nadie podía verme, salvo mi invitada de la habitación superior, cosa que esperaba que sucediera. Me unté bien de crema el miembro para evitar quemaduras y me di unos masajes. No me estaba masturbando, más bien me estaba poniendo bien dura la polla para que Marta pudiera disfrutar de aquella visión. Pensé que ella estaría a punto de dormirse, así que, dejé caer el bote de crema bruscamente para que hiciera ruido y así llamar la atención de mi invitada.
Miré de reojo a su ventana y pude ver un ligero movimiento de la cortina. Me di por satisfecho ya que ella estaba siendo testigo de todo. Mi plan se había puesto en marcha. Seguí con el vaivén de mi miembro, suave pero constante. El capullo estaba completamente mojado. Subía y bajaba la mano con ritmo. La crema solar ayudaba a lubricar, aunque con lo mojado que estaba ya era más que suficiente. Decidí ir más lejos y comencé a susurrar su nombre; Marta …, Marta.. Era igual que en el vestuario pero más débil, aunque audible perfectamente desde su ventana. Por si no era suficiente fui introduciendo frases más largas: Marta, haz que me corra…Marta, déjame follarte… Marta, córrete en mi boca…Marta, ¿me dejarás follarme ese culito…? Marta, ¿me podré correr en tus tetas? En medio de tanta calentura miré otra vez a la ventana, con disimulo, y pude ver como Marta estaba siendo testigo de todo ya que veía los movimientos de la cortina.

No quise dar marcha atrás y continúe con la masturbación, quería correrme de gusto. Estaba pensando en ella y era la mejor forma de acabar, una corrida pensando en una mujer que estaba tan buena como Marta era la culminación. No quería que se perdiera detalle. Seguí aumentando el ritmo, ahora ya era frenético. Tenía el miembro duro como un palo y llegué al momento de no retorno. Me iba a correr enseguida y no la hice esperar. Solo pude susurrar un poco más alto su nombre Martaaaaaa…Y eyaculé como nunca lo había hecho antes. Salieron chorros de semen por doquier, que cayeron en el césped. Había sido una monumental corrida. Si lo hubiera hecho encima de una mujer hubiera quedado empapada y chorreando semen por todos los lados.Estaba agotado pero una paja pensando en Marta bien merecía ese cansancio. Aun así todavía estaba excitado. Saber que ella lo había visto todo hacía que mi mente estuviera todavía en estado de shock.
Después de limpiar el césped y lo que había manchado, subí al baño a asearme y al pasar frente a la puerta de Marta sigilosamente, pude oír unos gemidos. No eran continuos sino espaciados y a veces casi inaudibles pero como la casa estaba en silencio pude constatar que los gemidos salían de allí. Marta se estaba tocando o masturbando, no lo sé, pero tengo claro que allí dentro estaba teniendo lugar algo que deseaba que ocurriese. El gemido final, más fuerte que los anteriores, fue el anunciador del orgasmo. Marta también se había corrido por lo que pude oír.

Capítulo tercero

Después de asearme en mi habitación, baje de nuevo al jardín y continúe tomando el sol. También decidí darme un baño para bajar definitivamente la calentura. Mi pene ya estaba flácido pero todavía chorreaba. Había sido una corrida espectacular.
Marta bajó minutos después. Se la veía acalorada y yo sabía los motivos: se había masturbado igual que yo. Venía con un bikini rojo espectacular, el cual mostraba su hermosa figura, delgada, con unas tetas impresionantes: redondas, firmes, pezones pequeños. Un culo digno de mención, duro, trabajado. También decir que a través de la braga del bikini se marcaba su rajita perfectamente. Nos pusimos a tomar el sol en las hamacas y me preguntó:
– ¿Álex me puedes dar crema en la espalda?
– Claro, no sea que te quemes -dije yo- y luego me pones a mí un poco de crema.
Marta se quedó tumbada de espaldas en la hamaca. Cogí la crema y comencé a untársela en la espalda. Lo hacía despacio, suavemente. Quería disfrutar de cada centímetro de su piel. Ko estaba haciendo con tanta delicadeza que parecía un masaje.
En un momento dado le dije:
– Marta, ¿te importa que te desate el bikini?, es para no mancharlo de crema.
– Espera que ahora lo hago,- me contestó-. Con una mano tiró del cordón del bikini y lo desató.
Yo seguía con la crema, acariciando más que otra cosa. Podía contemplar sus hermosas tetas, aplastadas por el peso del cuerpo, tan blanquitas y con una redondez fuera de lo común. Hasta me tomé la libertad de acariciar su contorno aprovechando la situación.
Cuando terminé con la crema volví a atarla el cordón y me levanté. Marta se incorporó y se dispuso a darme crema. Yo estaba de pie y con mi polla un poco morcillona ya. Simplemente el roce de sus pechos, había hecho posible despertar a la fiera. Ella no dijo nada pero se dio cuenta de la situación. La tela del bañador abultada era la prueba.
Más tarde nos dimos un baño y también estuvimos jugando un rato, nadamos y nos hundimos la cabeza mutuamente. Lo pasamos muy bien. Nos tomamos unas cervezas y pasamos una buena tarde.
Esa noche habíamos quedado en salir a cenar fuera y luego ir a un pub en el que había bailes latinos, así que, subimos a bañarnos y a cambiarnos para la cena. Marta se duchó primero y mientras estaba en el baño, fui a su habitación para ver qué se iba a poner. Lo sé, no estaba bien expiar a mi jefa, pero allí estaba encima de la cama un vestido ajustado de lycra, con un conjunto negro de lencería, sujetador y braguita con encaje y transparencias. Todo el conjunto destilaba sensualidad. Volví a mi habitación a preparar mi ropa mientras Marta terminaba. Elegí unos pantalones de lino con un bóxer de algodón y un polo de color rojo.
Marta me llamó:
-Álex, ¿me puedes traer la toalla? La he olvidado en la habitación
-Voy- respondí,
Entré en su habitación y encima de la silla estaba la toalla. Se la llevé al baño, llamé a la puerta y estirando el brazo sin entrar se la alcancé.
-Gracias – me contestó, ¿luego me puedes dar crema para después del sol?
-Sí, faltaría más- respondí
Salió del baño con la toalla envolviendo su cuerpo, pelo al aire, parecía una diosa nórdica. Abrió su habitación y me dijo:
-Espera que me ponga algo y ahora te llamo-
– Pasa- dijo pasados unos minutos.
Entré a su habitación y una vez más quede deslumbrado ante tanta belleza. Se había puesto la braguita negra y con los brazos cruzados en el pecho me invitó a pasar para darle crema. Se quedó de pie y se volvió. Cogí el bote tembloroso y comencé a aplicarle la crema. Estaba fría e hizo que al contacto con su piel, se estremeciera. Los pezones se pusieron duros y todo su cuerpo estaba con “piel de gallina”. Tenía un culo tremendo. Esa braguita con encaje hacía todavía más apetecible ese culo. Tenía unas piernas bien torneadas, se notaba que hacía deporte.
Terminé totalmente empalmado. Mi polla pedía guerra a gritos. Quería estar dentro de ese culo, me encantaría follarme ese culito y sobre todo correrme dentro de él. Mi erección era evidente, así que, terminé pronto y me dispuse a volver a mi habitación. Marta me dio las gracias y se giró un poco para despedirme, lo suficiente para poder ver cómo iba de empalmado.
Me di un baño y al salir le pedí a Marta que me diera un poco de crema:
-Marta, ¿me puedes dar un poco de crema?- antes de que me vaya a pelar-
-Ahora voy, contestó
La esperaba en mi habitación con el bóxer puesto. Llamó y entró con la crema. Venía con el vestido puesto y el pelo recogido en un moño. Estaba preciosa. Me hizo tumbarme en la cama y comenzó a darme la crema. Tenía unas manos suaves y lo hacía despacio. Me hubiera quedado allí toda la vida, ya que sentía un gran placer.
Terminamos de arreglarnos y nos fuimos a cenar. La cena estuvo bien y nos dirigimos al pub dando un paseo. Marta estaba guapísima. Varios hombres giraron la cabeza al verla pasar. Estaba radiante con aquel vestido ajustado. Llegamos al pub y pedimos mesa para poder disfrutar de las actuaciones.
-Esta noche ¿vas a bailar conmigo no?- me dijo Marta
– Desde luego, contesté- no veo con quien mejor y más guapa puedo hacerlo

Capítulo cuarto

Después de tomarnos unas copas y disfrutar viendo bailar todo tipo de bailes latinos, llegó el momento de ir a bailar a la pista. Marta, que había tomado clases de baile,  enseguida se puso a bailar. Yo llegué a su altura y comencé a moverme. Marta se acercó a mí y me dijo:

-Déjate llevar ¿vale? Ya me encargo yo

– Lo que tu mandes – le contesté –

Bailamos varias canciones de salsa y la verdad es que Marta lo hacía muy bien. Se notaba que disfrutaba. Yo no lo hacía mal, me dejaba llevar por ella y era fácil porque ella lo hacía sencillo. Estuvimos bailando y solo parábamos para pedir alguna copa más. Según avanzaba la noche, los bailes eran más sensuales. Marta se pegaba a mí y yo me rozaba con ella como si fuéramos a hacer el amor allí mismo. Marta me acariciaba la cara, el pecho, los brazos y muchas veces me cogía el culo y lo apretaba hacia ella. Yo, por mi parte, estaba totalmente empalmado. Tenía la polla a reventar, con tanto acercamiento estaba muy excitado. Acariciaba a Marta, su cara y su pelo. Su culo siempre estaba pegado a mi polla, no podía esconder lo evidente; el bóxer y el pantalón de lino no podían ocultar mi erección. Cuando estábamos de frente nuestras piernas se introducían en las del otro y manteníamos nuestros sexos juntos. Marta podía sentir la dureza de mi miembro y yo aprovechaba para cogerla el culo y apretarla contra mí. A veces Marta subía los brazos al bailar, momento que yo aprovechaba para pasarle mis manos por todo su contorno, desde la cara hasta la cadera poniendo más énfasis al llegar a sus pechos. Era delicioso poder acariciar suavemente aquellas tetas tan redondas y duras. Marta me miraba y parecía consentir con una sonrisa. Creo que a ella también le gustaba sentirse querida y deseada.
Marta se acercó y me dijo al oído:
– Tengo ganas de ver que tienes ahí abajo, me tienes excitadísima y estoy totalmente mojada.
Después de decir esto me sonrió y me guiñó un ojo.
– Cuando quieras preciosa – , le conteste yo, – que sepas que está así de dura por ti. Y le di un beso en la mejilla.
Terminamos las consumiciones y nos fuimos. Durante la espera para regresar a casa, Marta no dejó de tocar mi miembro ni un momento. Lo acariciaba por encima del pantalón y lo apretaba con los dedos. Luego me desató el pantalón y sacó mi polla en todo su esplendor. Estaba mojada de tanta excitación pero a ella no le importó lo más mínimo. Sacó su lengua y empezó a chuparla lentamente. Disfrutaba con ello y seguía pasando la lengua por todo el glande. No se la metía entera en la boca sino que se dedicaba a la parte más sensible. Daba pequeños lametones y lamía en círculos. Yo por mi parte deslicé la mano por debajo del vestido de Marta y comencé a acariciar su sexo por encima de la braguita negra que llevaba puesta. Estaba mojada, muy mojada y a cada caricia mía respondía con un gemido. Aparté un poco la tela de la braguita y deslizando un dedo pude comprobar el grado de humedad que tenía Marta, estaba empapada y cada vez lo estaba más .Yo continuaba pasando mi dedo por sus labios, después acaricié su clítoris con mucha suavidad y al hacerlo Marta gemía descaradamente. No podía disimular que le estaba gustando. Pasados unos minutos se lo introduje en su vagina que por entonces era una charca.
-No pares, sigue así Álex, me encanta como me haces gozar – decía Marta
-Claro que si cariño, no pararé hasta que me lo digas –
Marta dejó momentáneamente la mamada porque estaba gozando como nunca, abría la boca y gemía sin parar. Cogí otro dedo más y se lo introduje con suavidad, ahora tenía dos dedos dentro dándola placer y acerqué mi lengua a su clítoris, para continuar con la faena. Marta no se lo esperaba y al sentir mi lengua en contacto con su botón no pudo reprimir un gemido y comenzó a correrse. Era una corrida bestial, un montón de flujo saliendo disparado hacía mi boca. Me mojó entero y mi boca pudo saborear aquel líquido que tan bien sabía. Marta temblaba de gusto, tenía los ojos en blanco y estaba disfrutando de una corrida como pocas veces había tenido. La deje descansar un poco y continué pasándole la lengua por su clítoris, a veces despacio, otras más frenético. Ella gemía sin parar, se corrió ocho veces más, se notaba que no se lo habían hecho muchas veces porque lo tenía muy sensible y las corridas eran muy abundantes y sobre todo por la cara de sorpresa que ponía al ver semejantes corridas como si para ella fueran una novedad.
Luego continúe haciendo trabajos con mi lengua y me dediqué a introducirle la lengua en su vagina y en estimular su culito respingón. A cada lametazo Marta correspondía con un gemido, estaba enloquecida con mi lengua y a mi aquel cuerpazo me tenía loco de pasión y excitación. Marta me pidió por fin que la penetrase:
– Follamé Álex, venga no me hagas sufrir más, – decía
– Necesito que me la metas ya, no puedo aguantar más –suplicaba
– No seas malo conmigo, necesito tenerla dentro de mí, – pedía
Pero yo no quería hacerlo allí, aquello era producto de la excitación y yo necesitaba follarme a Marta en un lugar digno de una princesa y además teníamos que disfrutar mutuamente.
– Vamos a casa y allí ya veremos cómo y dónde, – contesté
Marta se enfadó un poco por no hacerlo allí mismo. Me acerqué y le di un beso en toda la boca, nos besamos con ansia y decidimos que aquel no era el sitio apropiado.
Fuimos andando hasta mi casa y por el camino no dejamos de meternos mano. Yo tocaba a Marta todo su cuerpo, tenía un cuerpazo y quería disfrutar de él, la besaba, saboreaba esa boca y esos labios y pasaba la mano por sus tetas redondas y perfectas, duras,  con unos pequeños pezones que a su vez estaban como piedras de duros, los cuales se transparentaban a través de la tela del vestido. Estaba deseando llegar a casa y tenerlos en mi boca, pasar la lengua por las aureolas rosadas y lamer delicadamente esos pezones, con la punta de la lengua haciendo círculos y terminar con una pequeña chupada y un pequeño mordisco. Creo que no me equivoco si digo que Marta era la mujer más sensual que había conocido, todo en ella era provocación y lujuria. Tenía esos pechos que eran sublimes, el culito era una autentica invitación a ser penetrado, tan redondito, tan bien formado, tan trabajado y para finalizar ese coñito que tenía Marta era una bendición, con esos labios y ese clítoris tan apetecibles, del cual manaban aquellos flujos tan abundantes que sabían a gloria. Hubiera estado toda la vida pasando la lengua a semejante tesoro.

Entramos en casa y fuimos directos al baño, queríamos darnos una ducha antes de continuar en el dormitorio con la fiesta, nos desnudamos rápidamente y nos dimos una ducha juntos. Al terminar fuimos a la habitación y nos tendimos en la cama, allí comenzamos con un sesenta y nueve, yo me puse debajo y Marta encima y comenzamos a saborear nuestros sexos. Marta continuó como antes y solo se dedicaba al glande, a mí me volvía loco, me estaba gustando muchísimo y lo hacía con tanto cariño y cuidado que era lo mejor que me había pasado nunca. Yo por mi parte tenía su rajita a la altura de mi cara y comencé a pasar la lengua por sus labios, ella gemía a cada lengüetazo. Decidí pasar a estimular el clítoris y mi lengua enseguida lo encontró duro y sonrosado, las lamidas eran más constantes y Marta no pudo aguantar mucho más:
– Uffffffffffffff, me corro Álex, que gusto -, Marta se corrió por primera vez en el dormitorio pero no fue la última, perdí la cuenta de la cantidad de veces, todas con su correspondiente torrente de flujo.
Yo estaba encantado con Marta, estaba como poseída de tanto gusto que la estaba proporcionando y decidí que tenía que dejar descansar ese coñito y centrarme en su culo. Como estaba tan excitada no se dio mucha cuenta de que ahora estaba pasando mi lengua por su culo, ella seguía con mi polla en su boca y cada vez se metía más trozo en la boca, parecía que se iba a ahogar.
Aproveché que su coño estaba inundado de jugos y la metí un dedo para lubricarlo y acto seguido se lo metí en el culo despacio, sin hacerla daño; por nada del mundo quisiera hacer daño a Marta, no me lo perdonaría.
Ella paró de chupármela y se quedó muy quieta como asimilando lo que estaba sucediendo, me miró y me dijo:
– ¿Que quieres hacer? Quieres darme por el culo o solo quieres meterme un dedo?
-Marta, le contesté, quiero metértela por el culo y correrme dentro de él, pero si no quieres lo entiendo, no voy a forzarte a hacer nada que no quieras –
-Sigue lubricándome el culo y dilátamelo un poco más – dijo ella, pero si te digo que pares lo haces, ¿entendido? –
– Claro cariño y gracias por confiar en mi – dije yo.
Continué con el dedo dentro de su culo y volví a utilizar la lengua para que Marta se corriera y así poderla lubricar y relajar un poco más. Unos minutos dedicados a su botón y Marta se volvió a correr, momento que yo aproveché para introducirle otro dedo en su culito, Marta se quejó un poco pero me dejó hacer:
-Ten cuidado vale, que por ese agujero soy virgen, eres el primero en meterme algo por ahí –
– Descuida guapa, lo último que quiero es hacerte daño, solo quiero que gocemos los dos – contesté
Seguí trabajando el culo, moviendo los dos dedos en círculos para poder dilatar un poco más su agujero y cuando ya creí que era suficiente se lo dije a Marta:
– Creo que ya estas lista, ¿quieres probar?
Marta se sacó mi polla de la boca y se colocó a cuatro patas y mirándome a los ojos me dijo:
– Hazme gozar Álex como nunca nadie me ha hecho disfrutar del sexo, pero ten cuidado vale!
Lo dijo de una forma tan sincera y cariñosa que no pude más que acercarme a ella y darle un beso en la boca y prometerle que tendría cuidado.
Acerqué mi polla a la entrada de su culo y lentamente fui introduciéndola con cuidado, al principio costaba un poco, pero yo dejaba que Marta se fuera acostumbrando al tamaño y era ella la que me pedía más. Yo ponía el máximo cuidado y no empecé a embestir hasta que Marta me lo pidió:
– Venga dale caña, fóllame el culo –
Comencé despacio y poco a poco fuimos cogiendo ritmo, la embestida era suave pero Marta tenía una cara que era mitad dolor y mitad gusto. No fue hasta pasados unos minutos cuando Marta y yo empezamos a disfrutar de la follada. A mí me encantaba, era una sensación muy placentera, las paredes de su culo apretaban mi miembro y con lo sensible que estaba, cada empujón parecía que iba a ser el último. Marta me pedía más y más fuerte:
-Vamos cariño, aaahhhhhhhhhh, más fuerte que me gusta sentir toda tu polla dentro de mi culo,
– No pares por nada del mundo, ahhhhhhhhhhhhh , dime que te correrás dentro, aaaahhhhhhhhhhhhhh
– Más fuerte, aaaahhh, Diossss como me gusta, me estas desvirgando el culo, aaaahhhhh.
Yo estaba en el cielo y Marta era mi ángel, no podía creerme que estaba follándome a ese pedazo de mujer, estaba disfrutando como nunca y no podía aguantar mucho más, Marta ya se había corrido tres veces y estaba deseando que yo lo hiciera:
-Vamos Álex córrete yaaaaaaaa, aaahhhhhhhh, quiero que te corras dentro de aaaaahhhhhh mi culo, vamos que no aguanto más.
– Marta cariño me voy a correr yá.
Yo tampoco podía aguantar mucho más y tras cuatro o cinco embestidas más, me corrí dentro de su culo, fue una corrida bestial, llené todo su agujero con mi semen y no cabía más, así que, la saqué de su culo y dándola la vuelta me corrí en sus tetas, fueron tres o cuatro chorros pero Marta quedó con esas dos hermosas tetas cubiertas de leche y ella al sentirse bañada de leche caliente se corrió también.
Marta no dejó que me recuperara y rápidamente se metió mi polla en la boca y empezó una nueva mamada, yo chillaba de placer, no podía evitarlo, pero ella no dejo de chupar ni un momento hasta que mi miembro volvió a coger un tamaño digno y una dureza aceptable.
– No pensarás que ya hemos terminado no?, dijo Marta
– Todavía tienes que follarme el coñito cariño, así que, empieza cuando quieras
Me puse encima de ella y de una embestida se la clavé hasta el fondo. Como estaba lubricada entró hasta los testículos.
– Ahhhhhhhhhhh, que gustooo, sigue no pares. Marta estaba súper excitada y quería más
El coñito de Marta era una delicia, estaba tan apretadito como su culo y mi polla ardía cada vez que entraba en él, tenía tanta sensibilidad que era un sufrimiento meterla ahí, pero no quería parar, me estaba follando a Marta esa diosa , mi jefa.
Marta pidió cambiar de postura y ahora fue ella la que se subió encima de mí, me cabalgaba con pasión , era incansable, se metía toda mi polla del tirón, no paraba de gemir y chillaba de gusto, continuó así hasta que se corrió, pero yo todavía seguía dándole caña, lo que pasa es que acababa de correrme y casi no me quedaban fuerzas para más, aun así , estuve otro rato hasta que Marta me anunció que se iba a correr y yo decidí hacerlo junto a ella y corrernos los dos a la vez.
La corrida conjunta fue lo más, sentir los flujos de Marta junto con mi leche fue una sensación difícil de olvidar y grata de recordar. Desde ese día Marta y yo somos inseparables y hemos disfrutado múltiples veces del sexo.

Capítulo quinto

Al día siguiente Marta y yo decidimos irnos de excursión por el magnífico monte que teníamos a nuestro alrededor, preparamos unos bocadillos junto con unas bebidas y nos fuimos a andar.
Marta estaba guapísima, llevaba unos pantalones cortos, botas de andar y una camiseta ajustada a través de la cual se marcaban sus bonitos pechos y esos pequeños pezones, ya que, no llevaba sujetador. A la espalda una pequeña mochila con las provisiones completaba su atuendo.
Yo iba enseñándola cada rincón del monte, puesto que lo conocía bien y parábamos a menudo para enseñarle lo bonito del paisaje. Paralelo al camino discurría un riachuelo que nos proporcionaba frescor y la posibilidad de refrescarnos cuando quisiéramos. Después de un par de horas de caminata, paramos en la orilla del río para descansar, Marta se quitó las botas y se metió dentro del río;
-Uf, que gusto tenía los pies abrasados-dijo.
-No deberías de habértelas quitado- contesté, – luego te dolerán los pies.
-Venga haz tú lo mismo, vente- me dijo con una sonrisa
-Ven por favor, me apetece bañarme contigo-volvió a decir.
Y dicho esto se acercó a la orilla, se despojó de la camiseta y de los pantalones y se quedó solamente con una braguita negra muy sexy mostrándome sus perfectos pechos. Eran fantásticos, tan blancos y erguidos que apetecía llevárselos a la boca y chupar esos pequeños pezones, los cuales estaban ya, duros como piedras. Verla así me excitó bastante. Parecía una sirena. Estaba deseando meterme en el agua y llevarme esos pechos a la boca. Marta era tan sensual….
Como yo no me decidía, se quitó la braguita y mirándome a los ojos dijo:
– Ven y hazme el amor aquí mismo-
Me desnudé rápidamente y me metí en el agua. Al principio estaba fría pero estaba tan excitado que enseguida se me olvidó. Yo ya estaba con una gran erección, deseaba a esa mujer y verla así dentro del río fue un sueño hecho realidad.
Me acerqué y la tomé entre mis brazos, la besé suavemente en los labios y con mis manos la acariciaba los pechos lentamente, no tardé mucho en llevarme a la boca esos pezones que tanto me gustaban y que tan bien sabían, lo hacía suave y pasaba mi lengua de uno a otro, para que los dos tuvieran su ración de lametazos.
Pronto se pusieron duros y mis labios y lengua no paraban de lamerlos. No quería parar nunca, me encantaba, era muy sexy, de vez en cuando los chupaba con frenesí y eso a ella le gustaba. Marta tenía unos pechos perfectos, no muy grandes como a mí me gustaban y muy bien puestos, se mantenían erguidos y duros, se notaba que estaban trabajados y que se cuidaba, con unos ricos pezones y una pequeña aureola.
Bajé mi mano hasta su redondo culo y estuve un buen rato acariciándolo con suavidad, después de palpar cada poro de su piel me dispuse a acariciar su sexo, estaba excitada y lo reflejaba la humedad que tenía, la introduje un dedo y dando un pequeño suspiro, me dijo al oído:
– Quiero que me hagas el amor, métemela hasta el fondo y hazme gozar como ayer-
Ella no dejaba de acariciarme, pasaba sus manos tanto por mi pecho como por mi espalda, mientras sus labios buscaban los míos y no dejaba de besarme. Sus besos eran apasionados, intensos y muy sensuales. Deslizó su mano hasta alcanzar mi miembro y comenzó a tocarlo suavemente;
– Me encanta tenerlo entre mis manos- dijo dulcemente
– Es tan suave.., me gusta notar su dureza- decía mientras no dejaba de masturbarme
Se agachó y posó sus labios en mi sexo, abrió la boca y comenzó a introducírselo en la boca, lo lamía despacio, con delicadeza. su lengua no daba tregua, concentrándose en el glande, me estaba volviendo loco de placer.
– Como me gusta saborearla, quiero que te corras en mi boca- dijo Marta
– Si sigues haciéndolo igual de bien no tardaré mucho en hacerlo- le contesté yo.
– Me encanta como lo haces, lo haces tan delicadamente – le susurre, mientras me moría de gusto.
– No voy a dejar que se escape ni una gota, pienso tragármelo todo-volvió a decirme Marta.
Marta empezó a acariciarme a la vez los testículos y de vez en cuando se sacaba mi polla de la boca y los recorría con la lengua, les daba pequeños lametazos y volvía a metérsela en la boca.
-Vámonos a la orilla, quiero terminar allí- dijo ella.
Salimos del agua y me hizo tumbarme en la hierba, Marta se arrodilló y ayudándose con la mano se puso mi polla entre los pechos e inició un ligero vaivén, comenzando así una masturbación que me sorprendió.
– Estaba deseando hacer esto, sé que te encantan mis pechos y voy a darte placer con ellos, eso sí, luego me los tendrás que chupar como tú sabes, me vuelve loca como lo haces – me soltó Marta.
Marta estaba en lo cierto, saborear esos pechos me volvía loco, estaban tan bien formados que eran una delicia, chupar suavemente los pezones era una sensación indescriptible.
Pero lo que me estaba haciendo Marta era ya una tortura, masturbarme con esa delicia de tetas era algo que había soñado muchas veces y ella estaba haciendo realidad ese sueño. A pesar de no ser muy grandes, cosa que facilita mucho esta técnica, Marta se apañaba muy bien, ayudada con su mano no permitía que mi polla se saliesede sus pechos. También ayudaba el hecho de que tuviera unas tetas bien firmes, nada caídas. Poco a poco fue incrementando el ritmo y notaba como cada vez me gustaba más.
– Te gusta eh?- decía
– Lo veo en tu cara, estás disfrutando……..- volvía a decir
– Claro que sí Martaaaaaaaa, me vuelves loco, creo que no voy a aguantar mucho más- le contesté.
– Avísame cuando ya no puedas más Álex, quiero meterla en la boca y que termines dentro –dijo ella
– – No voy a dejar que se escape nada, quiero saborear tu semen, llevo tiempo deseándolo – dijo Marta
– Marta me estas llevando a la gloriaaaa, me voy a correr enseguidaaa…. -dije yo
Marta saco mi polla de entre sus pechos y la metió en su boca, mi polla supuraba líquido por lo excitado que estaba y era síntoma evidente de que me iba a correr enseguida. Ella seguía sin darme tregua y jugaba con su lengua dándome más placer si cabe. Yo ya no podía más y le dije:
– Marta me corro yaaaaaaaaa
Ella notó como mi leche salía a borbotones y como caía por su garganta, estaba caliente y tenía un sabor extraño, no era desagradable pero sí era algo nuevo para ella. No se apartó en ningún momento y trago todo mi semen sin que ninguna gota saliese de su boca. Cuando terminé, se sacó la polla de la boca y pasó su lengua por todo su tronco, no dejó de chupar y cuando se aseguró que ya no salía más fue cuando dejo de lamer y me dijo:
– Ufffff…. que gusto, acabo de correrme por lo mucho que me ha gustado sentir esa corrida en mi boca.
– Tenía reparos a hacerlo, pero por otro lado, estaba deseándolo y tú eras la persona ideal, me gustas – dijo Marta.
– Tú sí que me gustas, eres increíble – le contesté yo.
– Otro día te dejaré correrte en mis pechos, sé que quieres hacerlo- dijo Marta
– Me encantaría, cómo me conoces…pero antes tenemos algo pendiente… Me has pedido en el río que te haga el amor y pienso cumplir- le contesté
– No voy a dejarte con las ganas, además tengo ganas de ti, ayer fue impresionante, nunca pude imaginar que haríamos el amor –volví a decir.
– Fue genial, encima me desvirgaste el culo y he de decirte que me gustó y mucho, fuiste muy delicado, fue especial, eres un sol- dijo Marta.
-Túmbate que ahora te toca a ti recibir un poco de placer, mi lengua está ansiosa por saborear ese coñito y ese pequeño botón- dije,
CONTINUARÁ

Martita

 

 

Autor: Plataforma de amor

Comentarios (10)

  1. Martita dice:

    Me encanta la foto que acompaña al relato,una chica guapísima y vestida muy sexy.

    • Plataforma de amor dice:

      Gracias Álex, por enviarnos el relato y por tu comentario. Esperamos ansiosas el segundo capítulo… nos hemos quedado a medias.
      Un cordial saludo.

  2. Martita dice:

    Gracias por el comentario, ya os he enviado la segunda parte, tengo el relato dividido en varias partes, que os ire enviando, espero que os gusten y con respecto a quedaros a medias……….. lo bueno se hace de rogar, no? o eso dicen.
    Gracias chicas, un saludo.

  3. Martita dice:

    Hola chicas, hace ya mucho tiempo que os envié la tercera parte del relato,¿ para cuando su publicación? y otra pregunta¿ es normal que no haya comentarios a los relatos? gracias y un saludo

    • Plataforma de amor dice:

      Hola:
      Lo subimos esta semana, no nos hemos olvidado de ti. Y sí, es normal. Los lectores no suelen interactuar mucho.
      Mil gracias por tu interés.
      Un abrazo.

  4. Martita dice:

    Hola me gustaría recibir por vuestra parte algún comentario, aunque sea al correo en privado sobre el relato escrito en cuestión, ¿que os parece? ¿ qué hay que mejorar? etc…. Gracias y un saludo.

    • Plataforma de amor dice:

      Hola: perdona por no haberte respondido antes, no siempre disponemos del tiempo necesario pero te estamos muy agradecidos por el interés que demuestras por Plataformadeamor. Creemos que escribes bien pero echamos un poco de menos dejar un espacio abierto a la imaginación porque es todo demasiado explícito. ¿Por qué en el próximo capítulo no pruebas a dejar las escenas un poco abiertas para que el lector se quede enganchado a la espera del próximo capítulo? ¿Qué te parece?. Ya nos contarás. Un cordial saludo.

      • Martita dice:

        Gracias por la critica, intentaré hacerlo mejor en los próximos relatos. Las siguientes partes de : Mi jefa, esa diosa ya las tengo escritas y allí es todo más explícito, pero tomo nota. Gracias

  5. Luna dice:

    Enhorabuena Martita. Tu relato está muy bien escrito y pone muchooooooo

    • Martita dice:

      Gracias Luna por tu comentario, es lo que intento: escribir “decente” y poder mostrar mis sueños y fantasias lo mejor que puedo.Además me gusta saber que mi relato es capaz de excitar a los lectores, yo la verdad es que cuando lo escribo termino totalmente…………. Gracias de nuevo por el comentario.Un abrazo.

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