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Mi alumna particular me pide sexo anal

“Carlitos” nos envía su relato erótico “Mi alumna particular me pide sexo anal”. Muchas gracias.

Mi nombre es Roberto. Me gusta hacer todo tipo de ejercicios físicos: salgo a correr, ando mucho en bicicleta y si bien no muy seguido, por cuestiones de tiempo, también voy al gimnasio. Aunque no soy muy lindo que digamos, tengo casi 1.80 m de altura, piel trigueña, de rulitos y ojos color miel. Me mantengo en un excelente estado físico, cosa que suele gustarle a las mujeres. Actualmente tengo 31 años, casado hace cinco años y soy profesor de matemáticas. Obviamente, como a la mayoría no les gusta la materia y además les resulta extremadamente difícil de comprender, aparte de enseñar en escuelas secundarias y en la universidad, algunos días de la semana tengo alumnos y alumnas particulares, es decir les enseño en mi casa. Por lo general, son más de uno los alumnos que tengo en casa y de edades variadas y pese a que tengo bien claro que no debo tener ningún tipo de relación que no sea puramente didáctica con mis alumnas, y menos si son menores de edad, me era inevitable mirar con ojos un poco pervertidos a algunas de ellas, pues se pasaban de ricas.
Soy un tipo muy calentón. Con mi mujer tenemos sexo muy de seguido y nunca le he sido infiel pero aun así existen en alguna parte de mis pensamientos, fantasías con las alumnas que más me gustan. A veces, cuando estoy solo en casa, me imagino teniendo sexo con alguna de ellas, poder hacerle de todo lo que a mí me gusta, sin restricciones. Verlas disfrutar de lo que hacemos, escucharlas gemir y pedirme más. Eso me calienta de sobremanera y termino haciéndome una terrible paja que disfruto muchísimo. Esto siempre fue así y siempre pude controlarlo. Era algo que solo estaba en mí como algo oculto de lo que disfrutaba imaginándome y pajeándome.
La cosa empezó a cambiar cuando aparecieron ciertas actitudes de una de mis alumnitas. Esta chiquita se llamaba Camila. Iba a cuarto año de secundaria y venía a mi casa a estudiar matemáticas los sábados por la mañana. Ya hacía varios sábados que la veía y la verdad es que siempre me llamó la atención. De hecho, era una de las que me imaginaba cogiéndola como loco. Era muy hermosa: rubia, ojos verdosos, simpática, no muchas tetas pero un culo y unas piernas impresionantes.
Un viernes por la noche me avisa por teléfono que al otro día no vendría porque esa noche tenía una fiesta y no pensaba levantarse temprano. Me pidió si podía agregarla al Facebook (cosa que con mis alumnos/as no hago) para que le pasase por ese medio los ejercicios para resolverlos durante los días que yo no podía atenderla. Dado que no era alumna de mí escuela y considerando que se trataba de un caso particular con fines didácticos, accedí y le dije que no había problema. Esa misma noche acepté su solicitud y le envié lo que tendría que resolver.
Me tentó la idea de mirar su muro y en especial sus fotos pero no pude hacerlo porque mi mujer rondaba por la casa. Es mi costumbre quedarme de noche haciendo mis cosas, así que le dije a mi esposa que se durmiera porque yo tenía que corregir unos exámenes de la universidad, pero en realidad todo lo que quería era espiar el Facebook de esa adorable niña que pervertía cada vez más mi mente. Comencé a mirar sus fotos y encontré un álbum que se titulaba “travesuras”. No podía creer lo que veían mis ojos, más de 40 fotos de ella en ropa interior de todos los colores y en poses distintas, todas excitantes. Automáticamente mi corazón se aceleró y mi pene comenzó a pararse. Me imaginaba como si la tuviera ahí. Me tocaba la pija pensando que eran sus manos. Fue una paja muy divertida. Esta vez tenía sus fotos que eran muy provocativas.
El siguiente sábado fue un día lluvioso y, como era de esperar, no tenía alumnos, por lo que para ganar tiempo me puse a planificar mi clase del lunes. Serían como las nueve de la mañana cuando suena mi teléfono. Era la mamá de Camila avisándome que la llevaría igual a mi casa porque ya había faltado el sábado anterior y no quería que siga perdiendo clases. Para las 9:30 h. ella estaba en mi casa. Estábamos los dos solos, pues mi mujer trabajaba en un comercio hasta las 13 h. Al verla volvió a mi mente todo lo que viví esa noche que vi sus fotos en Facebook. Estaba experimentando una sensación nueva con mi alumna, las ganas de cogerla iban en aumento y pasaron de ser algo que solo estaba en mí para generar morbo, a no ver las horas de que esa fantasía se hiciera realidad. No podía evitar comerla con la mirada, más aun, como estaba vestida ese día. Tenía una remera escotada, que pese a su no muy grandes tetas dejaba ver su pecho y los breteles de su corpiño. Una calza roja que marcaba todo esa colita redondita y su pequeña tanga, su rica conchita y sus piernas blancas y firmes que hacían volar mi imaginación y no sabía cómo hacer para aprovechar la ocasión y cogérmela de una buena vez.
Viendo que era casi imposible cumplir mi fantasía aquel día, hice un esfuerzo por dejar eso de lado y después de preparar unos mates me dispuse a enseñarle el tema. Ella no mostraba muchas ganas de estudiar pero tampoco se negaba a hacer lo que le pedía. Al explicarle yo, trataba de acercarme a ella lo más que podía para ver cuál era su reacción. No solo que no parecía molestarle sino que pude notar que ella hacía lo mismo cada vez que me preguntaba algo. Esta situación me ponía a mil. Cada vez me era más difícil contenerme y sentía cómo mi pene casi tenía una erección. En vista de esto le dije que haríamos un pequeño recreo y salí a fumar un cigarrillo. Al volver la vi con su Notebook conectada a Facebook. Me pidió que si podíamos dejar de estudiar ya porque no tenía ganas y su mamá la vendría a buscar enseguida. Accedí. Seguimos tomando mates, hasta que me pregunta ¿profe vio mi muro? Yo no sabía que responder, pero finalmente le dije que sí y me pregunta de nuevo: ¿Le gustaron mis fotos? Vi en esto la posibilidad de ver si mi fantasía estaba lejos o cerca, según sea su expresión ante mi respuesta. Le dije entonces que si las había viso y que estaban muy lindas, en especial las de ese álbum “travesuras”. Muy excitantes, le dije. A ella pareció gustarle lo que le dije, pero pensé que como toda adolescente, le gustaba sentirse sensual y no por eso va a querer coger conmigo. Me sorprendió cuando me dijo que tenía fotos aún más sexy y que si quería me las pasaba por el chat. Yo le dije ¿pero que puede ser más sexy que las que tienes en ese álbum? Y me contestó que son algunas fotos que ella tiene casi desnuda en poses muy sexuales y que solo se las muestra a quien ella quiere. Yo quedé paralizado ante esto. Por un lado me moría por cogerla y por otro pensaba en todos los líos en que podía meterme por ser ella menor. También pensaba si me estaba convirtiendo en un degenerado o pedófilo. Le respondí que no estaba bien que ella tuviera ese tipo de relaciones conmigo ya que yo no solo era mayor, sino que además era su profesor y que prefería que no me enviara esas fotos. Me contestó, “pero profe, no tiene nada de malo eso, quiero saber qué piensa de mí cuando las vea porque me gustaría ser modelo y quiero saber que opinan los demás, nada más, y como usted es una persona grande y serio que no es de mi entorno, pensé que no iba a haber problema”. En eso suena el timbre, era su mamá que venía a buscarla y mientras juntaba sus cosas me dijo, esta noche me conecto después de las 00:30 h. Hasta el próximo sábado profe y se fue.
Me sentía acorralado, no sabía qué hacer ni cómo reaccionar pero era obvio que mis impulsos sexuales ganarían la pulseada y esa noche me conecté pasadas la 1:30 h porque tuve que esperar que mi mujer se durmiera y pensé que ya no estaría mi alumnita. Me equivoque, si estaba conectada. Le hablé y le escribí : “Hola Cami…” y como si estuviera esperándome me contesta al instante y me escribe “profe, pensé que no se conectaría, ja, ja”.

Estuvimos chateando casi una hora y la conversación tomaba cada vez un curso más sexual. Todo se puso más caliente cuando ella me escribe “profe, ¿le puedo preguntar algo?” Al leer esto supuse que no sería nada de matemáticas y respondí : “sí, lo que quieras… “ Entonces me dice: “¿a usted le gusta hablar de sexo? Yo sé que es mayor que yo y que es mi profesor, pero a mí me gusta hablar de estos temas con gente grande y con experiencia como usted porque, además de aprender más del tema también me excita y eso me gusta mucho. Prometo que esto es solo entre usted y yo, no se lo voy a contar a nadie”. Tardé en contestarle porque sentía que todo estaba llegando demasiado lejos pero a la vez todo se estaba dando como yo quería. Otra vez mis deseos ganaron la pulseada y respondí “uf qué pregunta me haces… Mira Cami, la verdad que sí, me gusta hablar de sexo pero insisto, sos mi alumna y sos menor que yo, ¿entendés? Eso nos puede traer problemas”. Ella me contesta: “si profe, lo sé, pero nadie va a enterarse. Yo sé que usted es casado, pero también mis padres me matan si se enteran de esto, entonces nadie va a enterarse”. La verdad, ya nada me importaba y le dije:” dime qué quieres saber de sexo”.
Esa noche hablamos hasta las 5:00 am. Ella preguntaba y yo respondía. Me dijo que quería seguir hablando, que le gustó mucho y que también se excito. Yo explotaba de calentura. Le dije que el domingo a la siesta sería nuestra próxima cita y aceptó. Chateamos todos los días. Ya habíamos perdido la vergüenza, el miedo, y yo casi me olvide que era mi alumna. Nuestras conversaciones eran cada vez más calientes. Dejaron de ser algo informativo para ella y algo temeroso para mí y le dimos rienda suelta a nuestra imaginación y nuestros deseos.
Sería interesante poder contarles la secuencia de nuestras conversaciones a través del chat durante toda esa semana, pero este relato se extendería demasiado y creo que se tornaría aburrido. Sin embargo, voy a relatar la conversación del viernes por la noche, el día antes de nuestro encuentro para estudiar en mi casa, porque sin duda fue muy caliente y el determinante para que terminemos cogiendo como los dos queríamos.
Como habíamos acordado, el viernes por la noche nos encontramos en el chat como casi a la 1:00 h. Hasta entonces solo habíamos hablado, pero esa noche ella decide mandarme sus fotitos. Eran impresionantes. Cómo me calentaron… casi todas desnudas, mostrándome su rica conchita, su divino culo. No podía aguantar y me pajeaba mirándolas. Me pidió que le mandara alguno mía desnuda y con la pija bien parada. Sin pensarlo se las mandé y me dijo que estaba muy caliente, que quería hacerme de todo. Entonces le pregunto: “ ¿qué me harías?”. Ella me responde: “chuparía toda esa pija profe, quiero que me coja”. A esa altura ya nada me importaba. Le dije: “te cogería toda mamita, metería mi pija dura y caliente en esa conchita virgen”. Pero ella me contesta: “profe no soy virgen, tuve relaciones dos veces, pero lo que nunca he hecho es coger por el culo y quiero probarlo. Prométame que mañana no estudiamos nada y me va a enseñar a coger por el culo, por favor, cójame profe”. Listo, todo ya estaba dicho. Me la iba a coger y por el culo. Yo estaba maravillado. Le contesté: “sí linda, vas a sentir mi pija penetrando tu rica colita. Ya verás lo que te voy a hacer. Pero mentile a tu mamá y decile que te traiga a la tarde a mi casa porque a la mañana no voy a estar solo”. Me contesta: “sí profe, lo que usted me diga con tal que me coja. Estoy que exploto de calentura profe…” Le contesto: “yo igual mamita, mañana te voy a coger”.
Esa noche no pude dormir, estaba muy ansioso y no veía las horas de que sea la tarde del mejor sábado de mi vida.
Finalmente llegó el momento y Camila estaba en mi casa. Al vernos cara a cara sentí una rara sensación, al igual que ella, supongo, pero eso duró unos minutos hasta que le dije: “¿estas lista para hacer lo que dijimos anoche? “Obvio profe”, me dijo y se acercó a mí y puso su mano en mi pija, que en menos de un segundo estaba tan dura como un fierro. Comencé a besarla, por el cuello, su boquita roja y seguía bajando por su pecho mientras quitaba su camisita que traía puesta. Seguía descendiendo con mis besos hasta su ombligo al mismo tiempo que mis manos se metían debajo de su excitante pollerita, la cual se la quité, dejándola solo en ropa interior. Ella estaba más que caliente. Sentía cómo su cuerpo temblaba y su piel se cubría de escalofríos. Cerraba los ojos y soltaba pequeños jadeos de placer. La llevé hacia la habitación de huéspedes de mi casa, la tire en la cama, abrí sus piernas y mi lengua recorrió toda sus piernas y su rica y muy jugosa conchita por encima de su tanguita. Su humedad y su aroma hacían palpitar mi pija. Me calentaba demasiado. Sus gemidos aumentaban y me dijo “profe, quiero su pija en mi boca”. La senté al borde de la cama y me paré enfrente de ella. Sacó mi pija. La manoseó un rato y se la fue metiendo de a poco en su boca. Es indescriptible la sensación que produce que una chiquita como ella se coma una pija de la manera que lo hacía. La calentura de ambos era excesiva, ya casi no aguantaba las ganas de acabar y le dije que parara porque quería terminar, pero ella me dijo” hágalo profe, no me importa nada, quiero su leche en mi estómago profe”. Escuchar eso me calentó demasiado y al segundo solté un exagerado chorro de leche que llenó su boca. Se tragó todo lo que pudo y un pequeño resto de leche corría por la comisura de sus labios. Me dijo que era saladito pero muy rico y que quería más. Le dije que ahora yo le haría lo mismo y que luego le daría más leche. La puse a cuatro patas en la cama y me comí toda su concha. Era exquisita. Mi boca recorría todo su culo y concha. Metía mi lengua lo más profundo que podía en sus orificios. Sentía todo su sabor. Era exquisito. Ella gritaba de placer y me decía que la cogiera de una vez. Se colocó encima de mí y cabalgó mi pija con desesperación, hasta que gritó muy fuerte y sentí cómo su inmenso orgasmo bañaba mi pene y corría por mis piernas. Con mis dedos los junté y los llevé a mí boca. Sabía mejor que lo más rico que probé hasta el momento. Estaba muy caliente.
Después de esto fui al baño a buscar un aceite para bebé que mi mujer usa para su cabello y le dije: “perrita, llegó el momento de hacerte la cola”. Ella me dijo: “uy profe, cómo me calienta que me diga perrita, me gustan las palabras sucias. Quiero que me trate como a una puta”.

“¿Ah sí? Le dije y me arrimé para susurrarle al oído: “te voy a coger el culo, vas a sentir toda mi pija en ese culo ahora y veras lo rico que es”.

“Ay profe, siga diciéndome eso que me calienta”. Entonces, mientras le colocaba aceite en el culo, y muy despacio, iba introduciendo mi dedo, le decía: “¿te gusta cómo te meto el dedo, te gusta? Sos mi puta ahora y ese culo es mío”. Es todo suyo profe, haga lo que quiera, ya su dedo me enloquece, quiero toda su pija reventándome el culo, hágalo ya”. Entonces, una vez bien aceitado y dilatado el orto de mi pequeña y traviesa putita, le daba nalgadas bien fuertes y le decía grita, grita. Ella gritaba y me decía “sí, me encanta que me trate así profe.

“Ahora sí, te voy a coger el orto” y comencé a introducir mi gorda y caliente pija en esa maravillosa colita adolescente. Lo hacía muy despacio. Al principio ella empujaba para metérselo pero después que entró, comenzó a decirme que le dolía y gemía muy fuerte. Sus gemidos eran una mezcla de dolor y placer al mismo tiempo. Yo seguía penetrando su colita muy lento, pues sabía que sentiría un poco de dolor, pero que al final le terminaría gustando. Cuando ya había entrado casi la mitad de mi pene, comenzó a relajarse un poco más y fue ahí que yo comencé a disfrutar de ese riquísimo culito.
Como la tenía a cuatro patas sobre la cama, metí mi mano por debajo y frotaba su clítoris lentamente y la besaba. Me decía “qué rico profe, qué rico. Meta toda su pija en mi culo, métala”. Y hacia movimientos muy ricos con su cadera. Yo trataba de conservar la calma para no acelerar el ritmo, pues no quería causarle dolor, sino mucho placer, pero ella metió su mano y agarró la mía. Aceleró el ritmo con el que yo frotaba su clítoris y también se incrementaron sus movimientos de cadera, que buscaban que la ensartara por completo, y fue exactamente eso lo que ocurrió. Toda mi pija ensartada en su rico culito. Me decía que le gustaba, que quería un poco más fuerte, por lo que aceleré un poco mis embestidas, pero también aumentó el dolor para ella y gritaba muy fuerte. Me decía que no parara, que siguiera. Yo seguía cogiéndola y mi calentura estaba al límite. Ni si quiera me importaba si le dolía o no, así que aumenté la velocidad y comencé a cogerla bastante fuerte. Y se vino en un orgasmo que quedó tendida en la cama dejando todo ese culo a merced de mis antojos.

Luego de esto nos higienizamos y conversamos un rato hasta que su mamá vino a buscarla. Me dijo que aunque estaba dolorida, le había gustado mucho la experiencia y que quería repetirlo. Varias semanas después volvimos a tener un rico sexo. Ella aprobó su examen y hasta el día de hoy, que ya pasaron casi dos años de eso. No volví a verla, solo seguimos chateando de vez en cuando, pero no más de eso. Por suerte nunca dijimos nada a nadie ninguno de los dos y ni tuve problemas en mi profesión y ni mi mujer se enteró. Fue una fantasía que tuve la oportunidad de concretarla y es fascinante…

Carlitos

dur_fic@yahoo.com

 

Autor: Plataforma de amor

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