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Historia de una prostituta

Yo soy una prostituta, aunque no tengo muchos clientes y hay uno que es especial. Él es buen mozo, caballero de trato y reservado. Una vez a la semana viene por mí en su auto deportivo color rojo y vidrios polarizados. Detiene su auto y  yo subo preparada. Me regala vestidos que uso cuando viene por mí y voy sin ropa interior porque para él nos estorba. Y ese día no me permite tener sexo con otros clientes.

Siempre es lo mismo al comienzo, él va manejando y me pide que deje mis senos a su vista, lo que hago con agrado, y además por los vidrios polarizados de su auto sólo él los verá. Lo hago despacio; así le gusta: un seno primero y después el otro. Él sigue manejando, los mira y me pide que me los acaricie. En ciertos momentos él participa con una mano cuando da luz roja el semáforo.

Seguimos avanzando el trayecto y después de un lapso me pide que suba mi vestido y dice que le muestre mi zorra. Normalmente él no es vulgar pero en esas ocasiones sí, yo lo hago y me dice que abra bien mis piernas. Yo comienzo a masturbarme, sé que eso le fascina. Empiezo despacio y a medida que me voy calentando lo hago más fuerte. Él me observa ganoso, no permite que me penetre con mis dedos; él desea ser quien me lo haga. Después me dice “ya” y yo desabrocho su pantalón y tomo su miembro que está erecto, comienzo a besárselo, paso mi lengua por todo su pene, lo meto en mi boca y se lo mamo una y otra vez. Él me ayuda con su mano moviendo mi cabeza al ritmo que el sienta más placer. Le gusta hasta el fondo. Luego saco su miembro de mi boca y paso mi lengua por sus testículos, los que al roce de mi lengua se ponen duros. Me lleva a un lugar oscuro frente a la playa, lejos de todo, detiene su vehículo, reclina mi asiento y comienza a besar todo mi cuerpo. Me toca, me acaricia, masturba mi clítoris. No hay parte de mí que no recorra con sus manos y labios. Eso me excita y él lo sabe. Nos pasamos al asiento trasero. Yo ya sin vestido me siento y abro mis piernas. Él pasa su lengua por mi clítoris, la introduce por mi vagina al igual que sus dedos, lame mi ano. Luego se pone de rodillas en el asiento dejando su miembro frente a mi boca y lo comienzo a chupar. Lo meto en mi boca una y otra vez hasta sentir el sabor salado de su leche. Sé que está excitado. Luego me voltea y quedo de rodillas sobre el asiento, mirando hacia tras del vehículo. Él está detrás de mí y me penetra por mi vagina primero, después por mi culo y así simultáneamente. Se detiene a veces para estimular con sus dedos mi clítoris No desea acabar tan rápido, acaricia mis senos que quedan empapados de su jugo y el mío y vuelve a penetrarme. Es rico y se lo digo: “rico”,  “rico”. “dame más”, “más”. Él responde: “toma”… “toma”. Abre mis nalgas para penetrarme con más fuerza y así sienta todo su miembro dentro de mí. Ya no aguanto más del placer, nota que voy acabar. Él me conoce y no le miento en el sexo. Me dice: “ahí va toda mi leche para ti”, Da un grito de gozo al acabarme y caímos exhausto de tanto placer. Luego nos incorporamos, me mira atentamente, besa mi mejilla y me dice: “vamos”.

Débora

Autor: Debora

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