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Estoy nerviosa

Estoy nerviosa desde que hemos hablado por teléfono esta mañana. Aunque esperaba que sucediera, no he sido capaz de prepararme mentalmente para este instante. Quizá lo peor no haya sido haberte escuchado. Porque siento que te has callado más de lo que me has dicho. En ciertos momentos te he reprochado esa forma tuya de argumentar. Y no pretendí sustituirla por mi forma de pensar. Tal vez esa valentía que ahora te imploro es la que en mí ha brillado por ausente. Por esa razón es que ahora te escribo. Pensarás que me escabullo en esa falta de coraje que me atribuyes con tanta asiduidad. No te culpo por ello. Sin embargo, siento que esta carta es lo más adecuado. Entenderé si no quieres leerla. Aunque estoy deseando que así lo hagas.

¿Cuánto tiempo llevamos juntos? Seguro que tú sabrías con meridiana exactitud los meses, días y horas. Y hasta si te pones a ello, los minutos y segundos. Yo prefiero verlo desde una perspectiva atemporal. Todo lo que hemos vivido juntos ha sido fantástico, y ha merecido la pena cada instante compartido contigo. Ver más allá de escapadas nocturnas y paseos matutinos es lo que me hace sentir alegre y feliz a tu lado. Tú eres más pasional y dicharachero. Yo, tal vez, más cauta e íntima. Eso de que los polos opuestos se atraen pues, no sabría que decirte. Me gustas por lo que eres, por lo que me haces sentir a tu lado, y por todos aquellos momentos en los que de alguna forma has sido lo único que ha sabido traspasar esa delgada línea que existe entre la melancolía y la felicidad. Entendida esta última en sacar el máximo provecho de todas esas pequeñas cosas que hacen que la vida en pareja merezca la pena. ¡Qué ñoña! ¿Verdad? Bueno, ya sabes que forma parte de mi personalidad.

Te preguntarás que por qué todo este preámbulo romántico. Es relativamente sencillo. De sobra sabes que estamos pasando por un período que podríamos denominar como complicado. Quizá no sea el vocablo más adecuado para definirlo, pero ahora mismo no encuentro otra palabra para tratar de expresar. Quizá si volviésemos a los inicios, a aquellos días donde cualquier cosa era la excusa perfecta para besarnos, o cualquier comentario banal se convertía en una maravillosa conversación. ¿Recuerdas aquel día de otoño que fuimos a dar un paseo a la playa? Fue una tarde que jamás podré olvidar. Mientras paseábamos por la orilla y las olas acompañaban nuestro caminar empezamos a planificar nuestro futuro. ¡Cuántas cosas positivas logramos descubrir juntos! Y es eso precisamente lo que ahora no estamos haciendo.

Cada uno de nosotros aporta a la relación su parte personal. Pero creo que hemos olvidado en el cajón de sastre algo que no deberíamos haber dejado de lado en ningún momento. El nosotros. Esa simbiosis que creamos entre los dos y que ha ido derivando cada vez más en impertinentes ataques de realidad personal. Es cierto que también tenemos nuestro espacio vital, y que dentro de él somos soberanos. Esa particularidad privada ha ido imponiéndose entre tú y yo lenta y silenciosamente, sin que fuésemos conscientes de que algo se interponía y se hacía dueño y señor de nuestra vida común. ¿Nuestro error? Dejar que pasaran los días y las semanas sin tomar medida alguna. Nos hemos dejado llevar a un lugar oscuro y particular donde no sabemos dónde encontrar algún resquicio de luz que nos lleve a un punto nuevo y seguro donde poder empezar de nuevo.

Lo que ahora tendríamos que preguntarnos es si tú y yo queremos de verdad ponerle freno a esta situación que tanto daño nos hace, o nos quedamos atrapados por la sinrazón. Si optamos por la segunda opción, más tarde que temprano la relación que nos sostiene caerá por su propio peso sin que ninguno de los dos pueda hacer nada por remediarlo. Si por el contrario deseamos permanecer juntos frente a lo que la vida nos pueda deparar, es el momento preciso para poner todo nuestro empeño.

¿Que cómo se hace? No estoy segura. Pero lo que sí quiero hacer es permanecer a tu lado. Y vivir juntos lo que el futuro nos tiene preparado. Ahora eres tu el que tiene que dar un paso adelante y posicionarse. Ya no valen las medias tintas ni las decisiones a contratiempo. Es necesario estar firmes. Y eso requiere poner el alma y el corazón a pleno rendimiento. Por el semblante con el que saliste de casa esta mañana, no lo tengo del todo claro. Tal vez necesites un tiempo para decidir de qué lado estás. O no tengas claros tus sentimientos. O quizá sea un cúmulo de sensaciones las que despedazan tu corazón y te llevan a manos de la incertidumbre.

Yo estaré esperando. Callada, en silencio. Anhelando el momento de tu regreso. Llévame en tu camino de búsqueda interior, y recuerda de dónde eres y hacia dónde quieres encaminar tus pasos. Ten la libertad absoluta para elegir lo que creas que es mejor para tí.

Solamente quiero decirte una cosa más. El tiempo se inventó para discernir entre el día y la noche, entre la juventud y la madurez, entre la vida y la muerte. Yo te esperaré, es cierto. Pero no eternamente. Porque también yo merezco seguir adelante y tratar de ser feliz. Quiero hacerlo a tu lado, bien lo sabes. Nacemos entre lágrimas cuando nuestra madre nos da la vida. Y vamos caminando entre lágrimas y sollozos variopintos, a la par que de pequeñas alegrías que nuestra experiencia vital nos regala. Para terminar llorando de nuevo porque nuestra condición humana no termina de entender la realidad que nos espera al final de nuestros días.

Porque, aunque suene tajante y duro, nada es para siempre… Aunque en tus manos y en las mías está la clave para tirar por tierra esa teoría.

Espero tu respuesta.

“Te quiero…”

 

TheWindWriter

Autor: TheWindWriter

Comentarios (1)

  1. Bernicexanthe dice:

    ¡Maravilloso como siempre! No me canso de leerte.

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