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El vecino

Primer capitulo

Como cada día me levanto con rapidez. El infame despertador lleva minutos sonando y seguro que ya voy con la hora pegada, me digo para mis adentros. No me equivoco, no tengo tiempo ni para desayunar en casa. Observo cómo a través de mis ventanas entra un sol radiante y esplendoroso. A él le gusta madrugar mucho más que a mí, pienso. Nunca me ha gustado tapar las ventanas con nada, la luz que entra por ellas creo que es un regalo para mi pequeño piso.

Bajo las escaleras corriendo y coincido, como siempre desde hace un año, con mi vecino de puerta. Buenos días nos decimos y adiós. Pienso que lleva más de un año en mi edificio y al lado de mi puerta y no sé nada de él. Simplemente deduzco que entramos a la misma hora a trabajar. Todos los días observo su cara perfectamente delineada con esa barba de cuatro días que tanto me gusta. La verdad es que lo tiene todo para ser “el tío” con el que mis amigas y yo babeamos, pero no sé, hay algo en él que me desconcierta, quizá sea el hecho que nunca hayamos entablado una conversación. Después de una mañana bastante ajetreada y una bronca, como no, con mi queridísima jefa me dispongo a irme rauda y veloz de la oficina. Por fin es viernes y desde las tres de la tarde hasta la mañana del lunes no volveré a ver la terrorífica cara de la mandamás.

Voy meditando de camino a casa, quiero aprovechar la tarde en la playa, intentaré que mi rostro pálido de invierno se vaya convirtiendo en una cara resplandeciente de verano. Los planes para el fin de semana se presentan apáticos, a nadie le ha apetecido organizar cena y hemos decidido quedar el domingo y aprovechar la luz del sol con comida y playa incluida. El plan no me parece espectacular pero me vale para no pasarme todo el fin de semana en soledad. Subo las escaleras y por fin ocurre lo que llevo tanto tiempo esperando: mi enigmático vecino entra tras de mí y de su boca salen las palabras:

-Hola, me dice, llevo tiempo cruzándome contigo y todavía no sé tu nombre.

-Hola, le contesto ruborizada, me llamo Carla y pienso, sí, tienes toda la razón, he pensado en tenerte en mis brazos y no sé ni tu nombre

-Yo soy Pablo y espero que cuando necesite sal estés disponible

Me quedo sin saber que contestar, ¿qué es eso de cuando necesite sal? Estaría disponible de tenerte en mi cama querido Pablo, pienso para mí.

Es él quien da el primer paso:

-Creo que un día que puedas, tendrías que venir a mi casa a tomar un café o té, no sé qué tipo de chica eres. Y así podríamos conocernos un poco más para que cuando necesitemos sal no tengamos reparos en pedirla.

Solo puedo soltar una risita ridícula y decirle que sí, que cuando quiera. El muy osado me indica que si no tengo problema lo podemos hacer ahora mismo. Cuando dice esas palabras, “no tengo café”, precisamente en mi mente y por el bulto prominente que no tiene ningún reparo en mostrar, tampoco creo que él piense en café. Comienzo a subir las escaleras sin saber muy bien por qué, me molesta y me intriga por qué me ha dicho “no sé qué tipo de chica eres”.

Llegamos a nuestro rellano en común y nuestros ojos se cruzan inevitablemente. Hay tensión, se nota, y los destellos luminosos de sus ojos verdes me dejan noqueada. Mi vecino Pablo ha ganado el primer round. Sin decir ni la más mínima palabra entro en su casa, un pequeño apartamento igual que el mío, pero con mucho peor gusto decorado o quizás con mejor gusto pero más desordenado.

-Entonces, mi querida vecina Carla ¿es de café o de té?, a eso me refería cuando te he comentado lo del tipo de chica. No me gustaría que me interpretases mal.

Sin pensar mucho, o mejor dicho nada, le contesto que soy de café y de tus ojos verdes, y sí, quiero interpretarte mal. No soy consciente que mientras he pronunciado esas palabras sus manos estaban apoyadas en mi cadera y su cara a menos de una palma de la mano de mi rostro. La tensión entre los dos es insostenible, la única solución posible es la que Pablo realiza: posa sus labios carnosos y suaves en los míos. Sigo con la mente en blanco. Me dejo llevar y nos fundimos en un beso intenso, profundo y lleno de energía. Posa su cadera en la mía y noto una protuberancia que me gusta. Nos frotamos lentamente mientras el desciende con sus hermosos labios por encima de camiseta, no sé lo que me pasa pero me abandono en un inmenso placer sin meditar si es lo correcto. No sé nada de él y voy a dejar que invada mi cuerpo, pero por una vez en mi vida sigo a mis instintos sin que mi cerebro pueda perturbar mi decisión.

No me desviste pero me recorre por entero con sus carnosos labios. Notó como debajo de mi ropa, mi cuerpo entero vibra deseando quitármelo todo y tener a Pablo dentro de mí, pero no hago ningún movimiento. Pablo me sujeta las manos muy lentamente y me dice:

-Déjame hacer Carla y si algo no te gusta sólo tienes que pararme.

¡JA!, pararte, ni que fuese fácil. Mi sangre está en su punto más álgido y mi mente no puede pensar en otra cosa que no sean sus manos, sus labios… todo su ser.

Pablo me quita la ropa muy lentamente y no deja ni por un momento de besarme. Cuando por fin estoy completamente desnuda comienza a lamerme los pezones. El erotismo que desprende es insoportable. Le suplico que me posea de una vez, que no puedo más, se ríe y de repente noto cómo con una fuerza superior entra dentro de mí. Nos fundimos como si fuésemos elementos perfectamente compatibles. Sus jadeos son superiores a los míos y en un breve momento nos dejamos ir.

Terminamos nuestro intenso encuentro con un profundo placer. Hacía tiempo que no me encontraba tan bien y tan sorprendida conmigo. Nos fundimos en un abrazo tierno como si fuésemos una pareja desde hace años.

 

Segundo capitulo

-Carla, llevo tanto tiempo esperando este momento que me parece mentira que estés aquí conmigo, en mi cama.

-Me hago un poco la tonta y le digo, ¿ah sí? ¿Llevas tiempo espiándome?

Mis ojos dan un giro de 360 grados cuando Pablo me confirma que sí, que sus deseos con respecto a mí forman parte de su vida desde el día que me vio en mi terraza tomando el sol, que no pudo reprimir sus instintos y desde entonces ha estado pensando en mí, en mi cuerpo, en mis formas curvilíneas, en mis pechos desnudos al sol.

No puedo evitar sonrojarme y a la vez preocuparme, ¿no será un sádico? Me dice mi subconsciente. No, no puede ser. Me acaba de comentar que es informático en una empresa muy importante de la zona y hasta donde yo lo controlo tiene una vida normal y con una rutina.

-Carla no pongas esa cara de asombro, yo me he fijado en ti igual que tú en mí, lo he notado en tus ojos. No puedo contestar nada, pues al fin y al cabo, tiene razón.

-Disfruta del momento y como dices tú, “a mi plan con mis pamplinas”

Se da cuenta que ha dicho algo que no tenía que decir, ¿cómo puede ser que sepa algo que sólo comento con mi hermana por WhatsApp?

-Pablo ¿cómo sabes que digo eso? , le preguntó un poco desencajada.

Veo cómo por primera vez sus ojos se tornan y su cara cambia de expresión. Se queda dubitativo y me responde:

-Ya sabes cómo son estos pisos, alguna vez te he escuchado conversaciones telefónicas y lo has dicho. Me quedé con ello porque me parece una frase muy curiosa, a la vez que apropiada para muchas ocasiones

No sé qué contestar y sus palabras se adentran en mi cerebro para crear un huracán arrollador. De repente noto cómo me envuelve entre sus brazos y de nuevo comienza a acariciarme. Me dejo llevar. La atracción entre nosotros es tan fuerte que no puedo dedicar mi mente a nada más que no sea placer: el placer que Pablo me proporciona.

Ha sido una tarde intensa y ahora, en mi casa, me dispongo a intentar descansar y poner las cosas en orden en mi mente. El agotamiento que tengo y el descanso corporal proporcionado por Pablo, hace que me adentre en un sueño profundo y reparador. Cuando al día siguiente me despierto, noto cómo una sonrisa se escapa de mis labios, definitivamente mi vecino me ha proporcionado un estado de bienestar.

Me dispongo a salir a dar un paseo para coger aire y disfrutar de un sábado tranquilo cuando llaman a mi puerta. De nuevo sus intensos ojos me traspasan, llegando a mi alma sin ninguna parada. No hablamos, simplemente me rodea por la cintura y comienza a comerme con su labios. El beso es tan profundo y sabroso que ya noto cómo me deshago entera, mi volcán entra en erupción.

-Pablo te deseo, entra y haz conmigo lo mismo que ayer

-¡Oh! nena, no me gusta repetirme, suelo intentar mejorar todo lo que hago.

¡Por dios! He encontrado a mi fusión perfecta. Seguimos comiéndonos a besos mientras llegamos a la mesa de la cocina. Me coge con sus brazos y me sube encima de la mesa, se quita su camiseta y su torso perfectamente musculado queda a mi disposición. Comienzo a besarlo lentamente mientras él se toca el pelo y gime. De repente me sujeta el pelo y me besa desde mi cuello hasta mis orejas. Siento que voy a explotar cuando me levanta la camiseta y quedan mis pechos a su merced. No sé cuánto tiempo le llevó tenerme totalmente desnuda pero ya veo su juguete listo para mí, erguido como el mejor caballero y dispuesto a hacerme llegar al clímax. Entra lento. Esta vez gimo y vuelvo a empujarlo contra mí, así una y otra vez. Nuestros besos son cada vez más fuertes y compulsivos. Yo hace un rato que he perdido el control y he entrado en fase desatada, en el placer puro y duro y siento que Pablo me acompaña en este viaje. Llega el momento y experimento el orgasmo más largo y placentero de mi vida. Mi querido vecino empuja un par de veces más y viene conmigo a la cima de la montaña. Nos abrazamos intensamente y me eleva hasta que quedo unida por su cintura. Me transporta a la cama donde nos dormidos juntos, abrazados el uno al otro.

Me despierto y no creo lo que veo: tengo a Pablo en mi cama. Noto cómo duerme tranquilo, reposado, pienso que como cualquiera que ha hecho bien su trabajo. De repente vuelve a mi mente el pensamiento negativo de cómo es posible que sepa mi frase secreta, esa que solo utilizo con mi hermana. Sé que no puedo estar segura de no haberla dicho en una conversación telefónica, pero de repente se me antoja correcto creer que me espía constantemente. ¿Cómo puede escuchar mis conversaciones? Eso es porque tiene que estar atento. Intento que mi conciencia no me estropee el momento tan glorioso de placer que estoy viviendo, cuando de repente sus hermosos ojos se abren.

-Carla ¿en qué piensas?

No sé si debo decírselo, seguro que lo termino estropeando todo, pero antes de que me dé cuenta mis palabras se escapan de mi boca:

-Sigo sin entender cómo es que sabes mi frase secreta, no creo haberla pronunciado nunca por teléfono.

-No seas tonta y deja de comerte la cabeza por algo sin importancia, dime que no es mucho mejor pensar en el placer que nos proporcionamos mutuamente. ¿Tienes planes para hoy?

Otra vez consigue llevarme a su terreno.

-No, no tengo nada pensando

 

Tercer capitulo

-Muy bien, pues entonces ponte tu bikini y coge tu cesto de playa que nos vamos a pasar el día juntos, si te apetece claro.

Asiento con la cabeza y en media hora estoy en su coche, sin saber dónde voy y prácticamente con quién voy.

Conduce durante una hora, aproximadamente, en la que no paramos de hablar, él de su trabajo y yo del mío. Cada vez me noto más a gusto con su compañía y ya no veo nada extraño en él. Llegamos a una hermosa cala con un embarcadero pequeñito, se acerca a la caseta que vigila la cala y veo cómo saluda a un señor mayor que le proporciona dos chalecos salvavidas. Lo observo en la distancia y noto que estoy salivando, ¡es guapísimo!. Su cuerpo perfectamente delineado, con esa cara tan atractiva y el pelo ligeramente largo, que en conjunto con su barba incipiente le dan un toque bohemio ciertamente irresistible.

Se acerca hacia mí, me da un chaleco y me dice,

-Espero que no tengas miedo a la velocidad y que sepas nadar. Me lo dice con esos ojos a los que jamás osaría negar nada.

-No lo dudes ni por un momento, además no hay nada que me excite más que la aventura. De repente se acerca y clava sus ojos en mi rostro y con una leve sonrisa me dice que espera que haya algo que me excite más que la aventura. Me vuelvo a sonrojar de nuevo y haciéndole un guiño le clavo mis labios en los suyos. Nuestras lenguas entran en estado de comunión y de nuevo volvemos a estar sumidos en una lucha constante de placeres.

-Carla, me dice en medio de la pasión, ahora no, quiero probar algo contigo que seguro nos hará llegar mucho más lejos de donde hemos estado. A su lado tengo la sensación que nunca es suficiente, no me había sentido jamás tan infinitamente atraído así por nadie.

No puedo evitar una sonrisa triunfadora. Yo tampoco me había sentido así con nadie pero no se lo digo para recrearme en mi reinado. Le sonrío y pregunto qué es eso que vamos a probar. Me coge de la mano y me lleva hacia el embarcadero. Allí hay un montón de motos acuáticas y es cuando compruebo que una de ellas es de él, ¡que ilusión!, velocidad y placer juntos.

Comenzamos a surcar las olas, cada vez coge más velocidad y yo me aferro tan fuerte como puedo a su cintura. Siento el aire fresco en mi cara y la sensación de seguridad a su lado me sorprende. Estoy ensimismada en mis pensamientos cuando Pablo para la moto en medio de la nada,

-Ahora te toca conducir a ti, ya es hora que yo disfrute sujetándome a ti.

Sin decir una palabra pero con una cara de emoción que no puedo evitar, nos cambiamos de posición. Pablo me da una breve explicación y me dispongo a coger el mando, arranco a trompicones y se balancea hacia mí, pero dado mi estado de nerviosismo no me doy ni cuenta. Después de varios intentos consigo enderezar la moto y avanzar lentamente. Sus brazos robustos abrazan mi cintura y siento su protección en mi cuerpo, me ánima a ir más rápido y no lo dudo ni un momento. Hace dos días que le conozco y me siento completamente segura con él. Ahora ya voy a toda velocidad mar adentro y es cuando empiezo realmente a disfrutar del paseo, mi cuerpo se relaja y Pablo lo nota. Sube sus manos hasta encontrarse con mis pechos y noto cómo mis pezones van adquiriendo rugosidad y erección. Disminuyo la velocidad porque ahora no soy capaz de controlar la moto. Pablo está lamiendo mi cuello y desatándome la parte superior de mi bikini. Le dejo hacer pues ya estoy invadida por el deseo de tenerlo dentro de mí. Dejo de conducir y nos quedamos flotando en medio del mar, me doy la vuelta porque tengo la necesidad de tocarle y de comerle a besos. No pienso dónde estamos ni si nos está viendo nadie o no, me da todo igual, mi único pensamiento es estar dentro de Pablo. Comenzamos a besarnos enteramente a la vez que nos quitamos todo lo que llevamos puesto, me tumba encima de la moto y sus labios carnosos acaban dentro de mi volcán. Mis gemidos son tan profundos que creo que se pueden escuchar hasta debajo del mar. Cuando le suplico que por favor entre dentro de mí, que no puedo más, me mira para deshacerme por completo y entra tan fuerte que siento que voy a estallar de nuevo. Se mueve una y otra vez, creo que voy a quedarme sin aire cuando estallo de placer a la vez que Pablo. Se queda tumbado encima de mí, jadeando los dos. Estamos así un tiempo indeterminado. Cuando estoy con él no tengo noción del tiempo. Se levanta lentamente y me mira,

-Acompáñame Carla démonos un baño. Y se lanza de cabeza hacia las profundidades. Le sigo sin pestañear, compruebo que Pablo anula todos mis pensamientos y solo puedo hacer lo que él me indica. Estoy irremediablemente perdida en su abismo.

Cuando volvemos de camino hacia la costa, voy pensando todo el tiempo que nunca hubiese imaginado no tener pudor, no tener miedo a ser vista por nadie en mis momentos más íntimos y no puedo creer lo que acabo de hacer, pero solamente lo pienso, todo mi ser está en otra dimensión y mi estado de felicidad plena es total como para perderme en mis pensamientos de normalidad.

Estuvimos parte de la tarde tomando el sol y de charla muy animada, pero de nuevo sin entrar en temas profundos Pablo maneja la conversación y yo me dejo llevar. Su sexo anula mis conocimientos.

Al llegar a casa por la noche, de nuevo sin preámbulo, nos duchamos juntos y nos dejamos llevar por nuestra pasión. No tarda ni un minuto en ponerme en estado de excitación y compruebo muy gustosa que a él le pasa lo mismo conmigo. Nos dejamos llevar y la erupción volcánica vuelve a nuestros cuerpos una y otra vez.

Cuarto capitulo

Ya es domingo y recuerdo que tengo comida con mis
amigas. En estos momentos, con Pablo a mi lado, en mi
cama, no me apetece lo más mínimo perder un día de sus
encantos, pero no puedo faltar. Siento que si me quedo con
él, estaré perdiendo todo control sobre mí misma. Le digo
a mi placentero vecino que nos veremos por la noche, no
pone muy buena cara pero no dice nada, simplemente con
una sonrisa devastadora me dice que estará esperándome
ansiosamente hasta que decida volver a sus brazos. La
comida transcurre divertida, como siempre. Hablamos
y hablamos hasta que decido contarles mi inesperada
aventura. Sus caras son muy explícitas cuando les comento
muy por encima nuestros encuentros sexuales. Cuando
termino mi relato comienza la ronda de preguntas que
inevitablemente hacemos en casos similares. Casi sin
darme cuenta sale en la conversación el tema de mi frase,
y ahí es cuando Sara dice:
– Por favor Carla yo nunca te he escuchado esa frase,
¿no te has parado a pensar que es informático? Puede
ser que te haya investigado. Mi cara se descompone por
momentos, no puede ser, no puede ser que la persona que
me ha llevado a la erupción volcánica sea un maniaco. ¡Es
imposible que haya sido capaz de investigar mis mensajes!
Ana corrobora lo que ha dicho Sara y yo, simplemente,
me quedo callada.
Entre las dos me convencen para que no le deje entra
en mi casa ni yo vaya a la suya hasta hablar con él y
tener la seguridad de quién es realmente. Como las noto
preocupadas les confirmo que en cuanto llegue a casa le
voy a proponer un café y no me voy a dejar llevar por el
deseo. Les aseguro que antes de dos horas las telefoneo
para que me recojan y de esa manera no estar sola ante las
posibles adversidades.
De camino a casa no dejo de pensar y pensar, parece
que voy a estallar, voy a conseguir la cima del volcán pero en
otro contexto diferente a los dos días pasados y según estoy
con estos temas me sorprendo a mí misma cuando me noto
mojada, solo de pensar en sus labios recorriendo mi cuerpo
es como si una fuerza interior anulara mis facultades
mentales y elevara a los altares las sensuales. Me tiembla
la voz cuando le llamo por teléfono, le digo que necesito
hablar con él en un lugar neutral. Para que no desconfíe
suelto en un tono irónico que si voy directamente a casa
sé lo que va a suceder y necesito hablar antes de explotar.
El comentario le hace gracia y accede inmediatamente.
Quedamos en una cafetería cercana a nuestra casa. Voy
directamente hacia allí, prefiero no pasar por mi casa
por temor a encontrarme con esos ojos y ese cuerpo y no
puedo permitirme ni un beso más hasta no tener claras sus
intenciones.
Llego la primera, me siento y me pido un gin tonic. Tengo que
tomar algo fuerte para soportar tanta tensión. Le veo acercarse
con esa sonrisa que me adentra en los pensamientos más
impuros que he tenido jamás. Le doy un sorbo a mi copa a ver
si logro refrenar estos instintos sexuales que Pablo me provoca.
Se sienta a mi lado y me da un intenso beso que logro esquivar
en una menor medida de la que estaba dispuesta a concederle.
– Nena, espero que sea muy grave eso que tenemos que
hablar porque no veo el momento de poseerte. Una tarde sin ti
y no puedo controlar mi deseo.
Para no alargarme en mi agonía y ayudada por el vino de la
comida y la copa actual, le pregunto sin rodeos.
– Pablo necesito saber cómo sabes lo de mi frase, tengo la
completa seguridad de no haberla pronunciado nunca.
Se queda callado, su cara cambia radicalmente, el color
sonrosado de su bello rostro pasa a ser de un gélido invierno,
tarda unos minutos en responder. En ese tiempo creo que voy
a desfallecer. No puedo ni quiero pensar que mi saciador es un
maniaco espiador.
– Carla, creo que te debo una disculpa, pero tienes que
entender que llevo un año observándote, un año entero
intentando entablar conversación contigo y no encontraba la
manera hasta que se me ocurrió….sé que no debía hacerlo
pero no encontré una manera mejor.
No sabía si salir corriendo o llamar a la policía y él
continuaba hablando.
– Todo comenzó en mi trabajo, creamos software de
investigación para terminales móviles y para mí es muy fácil
acceder a los datos de cualquier terminal de uso doméstico.
En serio Carla, no quería hacerlo pero mi deseo por ti fue más
fuerte que cualquier uso de raciocinio. Di algo por favor.
Después de un largo silencio solo pude decirle:
– Nunca en mi vida me he sentido tan violada por dentro
y por fuera, no sé qué voy a hacer pero no te acerques nunca
más a mí.
Salí despavorida en búsqueda de mis queridas amigas,
no sabía qué hacer. No quería pensar, esperaba despertarme
de un largo sueño y que solo fuese una pesadilla. No pude
evitar dar media vuelta para ver ese bello y perverso rostro
por última vez, el sentimiento de deseo no ha desaparecido
pero ahora el miedo le acompaña.
Han pasado dos meses desde mi último encuentro
con Pablo, una mudanza exprés y una denuncia me han
acompañado todo este tiempo. No sé cómo terminará esto
pero a pesar de tener que cambiar de edificio, de móvil y de
adentrarme en el enrevesado mundo de la abogacía, todavía
hoy siento una punzada en todo mi ser cuando pienso en
Pablo. Los dos cortos pero intensos días que pasamos
juntos. Los recuerdos me erizan todo el pelo que cubre mi
cuerpo, no puedo evitar añorar sus carnosos labios y su
juguetona lengua, añorar todo de él, en definitiva. Pero a la
vez me invade la rabia por haberle dejando entrar dentro de
mí, por no haberme dado cuenta del mirón compulsivo que
tenía como vecino, es una extraña sensación de odio-deseo.
Creo que nunca más volveré a relacionarme con un
vecino, o tal vez sí, es imposible controlar el deseo cuando es infinito.

Autor: Plataforma de amor

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