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El Destino de un Viaje

Primer capítulo

Antonio nació siendo un terrateniente del sur. Sus dominios se extendían a lo largo de kilómetros y kilómetros de tierras cultivadas de vid y otros frutos que le dejaban unos jugosos beneficios anuales. Había heredado de su padre todo aquello. Su vida era fácil y nunca pasó por estrecheces económicas ni tuvo necesidades.

Solo había sentido carencias en el amor. Antonio era un buen hombre, no trataba mal a sus trabajadores y siempre estaba de buen humor. Pero en su interior anhelaba el poder encontrar una mujer que le amase y le diese hijos para que el imperio que creó su padre continuase una generación más. Se encontraba cansado, pese a que no tenia más que treinta y siete años ya no se sentía con fuerzas ni ganas de seguir buscando una mujer que le llenase el hueco que había en su bondadoso corazón.

Un día de primavera que estaba haciendo labores agrícolas con su tractor por el campo, escuchó por la radio algo que le dejó impactado. El locutor estaba dando una noticia macabra y cruel. Una mujer iba a ser ejecutada,de una forma inhumana, la iban a apedrear hasta la muerte.El motivo era más inhumano todavía,había sido violada por un hombre en Afganistán cerca de un pueblo de Kandahar.

El locutor siguió hablando de lo difícil que lo tenía esa mujer y de como no intervenía nadie en favor de ella. El tiempo corría en su contra y antes de diez días la iban a matar. ¿Cómo es posible qué nadie de naciones unidas mediase a favor de ella?.

El locutor se mostraba colérico por la indiferencia y el pasotismo de toda la comunidad internacional. ¿Dónde están los derechos humanos?, decía una y otra vez. Antonio que no había perdido ni un solo detalle sacó su móvil del bolsillo y llamó a la emisora para ver que podía hacer. En la radio le dijeron que cabía una posibilidad de salvar a esa mujer de morir de esa manera. Pero que era muy complicado ya que las leyes islámicas son muy complejas. Hacia falta tener mucho dinero para sobornar a los carceleros y que también había que tener mucho valor para plantarse allí y convencer a los que la custodiaban para que la dejaran libre.

-Mire para que se haga una idea, le dijo el locutor, necesitaría mucho dinero para poder ir dándoselo a toda la cadena de mandos que la están custodiando. ¿Usted dispone de efectivo.?

-¿De cuanto estamos hablando? dijo Antonio

– de mucho, de más de dos millones de euros. ¿Tiene esa cantidad?

Antonio respondió con firmeza que tenia ese dinero y más si era necesario. El locutor de la radio no acaba de creérselo y le invito a ir a Madrid ese mismo día ya que no había tiempo que perder. Antonio dejó el tractor en la nave, cogió el todoterreno y se dirigió a su Hacienda levantando una estela de polvo de lo deprisa que iba. Ya en la casa, se ducho y preparó una bolsa de viaje pequeña, avisó a la asistenta que se marchaba a Madrid.

Llamó a un empleado suyo para que le acercarse a la estación de Sevilla para poder coger el AVE dirección a la capital de España. Durante el trayecto no pudo quitarse de la cabeza a esa mujer, como era posible que la fuesen a matar y como podía ser que nadie mediase para salvar su vida. A la altura de Ciudad Real recibió un whatsapp de el locutor de la radio en el que le mostraba una fotografía de la mujer que iban a condenar. Antonio al ver la foto sintió algo de tristeza y compasión por ella, se parecía mucho a la muchacha de la foto del national geografic, tenia los ojos grandes y mirada penetrante, de tez morena y sin arrugas, por lo que dedujo que no tendría más de veinticinco o treinta años. Cómo es posible, cómo es posible, se repetía una y otra vez, ¿en qué mundo de locos vivimos? se hacía preguntas así mismo todo el tiempo, hasta que el tren llegó a la estación de Chamartín

 

Segundo capítulo

Allí tomo un taxi con dirección a los estudios de la radio.

En Madrid había gente por la calle, no era como el silencio de sus tierras y pensó si todas esas personas sabrían lo que le iba a pasar a esa mujer. El pecho le oprimía hasta el punto que por momentos le costaba respirar.

Llegó a la radio, pagó la carrera y entró por la puerta principal del edificio. En la quinta planta estaba la emisora, entró y se presentó. Enseguida salió a su encuentro un hombre de unos cincuenta años, con buen aspecto, de escaso cabello y vestido con una ropa colorida que a Antonio le llamo la atención. Él era más partidario del vaquero y la camisa blanca con botas cartujanas, o en fin de semana calzado deportivo.

-Mi nombre es Roberto Vázquez

-Si sí le conozco. Le escucho muchas tardes cuando estoy trabajando y es un honor para mi conocerlo en persona. Yo me llamo Antonio Taboada y fui el que telefoneó esta mañana para interesarme por la muchacha que van a apedrear.

-Pues gracias por venir. Guardo un breve silencio y me dijo

-Veras Antonio, la situación está muy difícil, allí hay personas de varias ONGs, que van a actuar como corresponsales y nos ayudarán a sacar del país a Aamaal, que así se llama la joven. Ya te explicará Alejandra los por menores en el avión.

-¿Quien es Alejandra? ,pregunte yo. Roberto esbozó una sonrisa y me contestó.

– A partir de hoy tú mujer. Entraréis en Kabul la capital de Afganistán. En el aeropuerto os pedirán los pasaportes, tendréis que decir que estáis de luna de miel. Eso déjaselo a Alejandra porque sabe hablar Árabe. Ella trabaja en la policía nacional, es la única mujer que ha estado en los cuerpos de élite de la policía. Su madre es marroquí y su padre español y como en esto estamos todos implicados nos va a ayudar hasta la policía. Aunque oficialmente Alejandra está de vacaciones.

-¿Cuando salimos?,pregunté algo excitado y nervioso.

Yo no soy hombre que le tiemble el pulso pero esa situación me superaba. He de confesar que en ese instante yo Antonio Taboada, hombre de campo y de pocas inquietudes me veía envuelto en una misión secreta como si fuese un agente de las películas americanas que los sábados contemplaba en casa.

-Mañana por la mañana dijo él.

A Roberto le sonó el móvil, intercambio unas frases y colgó. Me indicó que le acompañara a una cafetería que había a la vuelta de la esquina porque allí nos estaba esperando Alejandra. Bajamos las cinco plantas en el ascensor, salimos a la calle y entramos en bar. Ella le hizo un ademán a Roberto para que se sentase en la mesa que estaba. Yo le acompañé y nos presentó.

-Alejandra Figueroa me dijo, estrechándome la mano

-yo Antonio Taboada contesté, con una sonrisa leve, ella también me sonrió brevemente y nos invito a que nos sentásemos en la mesa que ocupaba.

Ella me preguntó con franqueza si estaba preparado para arriesgar mi vida y mi dinero. Yo contesté con un rotundo si y le dije que el dinero no seria ningún problema y que Antonio Taboada era hombre de honor y sentido común y que le sobraba coraje para plantarse en un lugar inhóspito y salvar a una pobre muchacha inocente de morir de esa forma tan vil. Alejandra se dirigió a Roberto para hablar de los pormenores del viaje, yo miéntras tanto observaba las facciones de ella, era morena de piel y sus ojos grandes y negros seguro que hablaban cuando había silencio. Su cabello también era negro y algo ondulado probablemente herencia de su madre, lo llevaba recogido en una coleta, medía aproximadamente un metro setenta centímetros, era espigada y estaba o parecía estar fibrada. Me pareció una mujer bastante atractiva y por primera vez en mi vida sentí algo en el estómago que nunca antes había sentido al contemplar una mujer.

Tercer capítulo

 Roberto y Alejandra me pedían la opinión de lo que ellos exponían. Yo estaba de acuerdo en todo y les di una discreta mochila en la que había los dos millones de euros. Alejandra tenía contactos y por la noche los cambiarían por dólares. Me explicaron los pormenores.

La verdad es que no me parecía tan arriesgado, si que no era como lo que yo hacía en el campo pero el plan era el siguiente; aterrizar en Kabul, allí nos estaría esperando una chica de una ONG, después hacia Jalalabad en coche y justo en ese momento el primer pago para sacarla de la cárcel, habría que desembolsar trescientos mil dólares Americanos, de ahí en un todoterreno hasta la frontera con China por Asmar, el resto del dinero era necesario para sobornar en todos los puestos fronterizos a los soldados.

Tendriamos que entrar en Pakistán, llegar a Dir con dirección a la frontera con NIgari hasta la primera ciudad China importante Ngari. Después en avioneta, que hay que sufragar con unos cien mil dólares Americanos hasta Hong Cong y todo habrá terminado. Nos volveremos en avión Alejandra y yo. La chica probablemente se vaya a vivir a Australia donde podrá empezar de cero y libre.

Ya eran las ocho de la tarde y al día siguiente partíamos a las siete de la mañana, todavía tenía tiempo de ir a comprarme algo de ropa en el centro comercial que había a la vuelta de la esquina, así que me despedí, Roberto nos acompañaría al aeropuerto.

-Hasta mañana entonces, les dije.

Fuí al centro comercial y después me volví para el hotel, el recuerdo de Alejandra estaba en mi cabeza. Antes de bajar a cenar al restaurante telefoneé a casa, Claudia que así se llama la asistenta, cogió el teléfono y le pregunté que tal todo, fue una conversación trivial y corta. Colgué, me duché y baje a cenar. Después di un corto paseo por la ciudad pensando en el día siguiente.

Yo no había tenido ninguna relación seria, si que es cierto que salía por las noches muchos fines de semana y a veces ligaba pero ninguna chica me había interesado lo suficiente como para quedar una segunda vez, bueno con alguna si que quedé alguna segunda vez pero poco más. Seguí paseando y sentí frío, decidí volver, la primavera en Madrid no es como en el sur que puedes ir en manga corta por la noche. Entré en mi habitación y me desvestí, puse la alarma en el móvil. Tardé en dormirme un buen rato, pero al final lo conseguí. Me desperté cinco minutos antes de que sonara la alarma, me di otra ducha para despejarme,bajé a la cafetería del hotel, allí estaba esperándome Roberto. Alejandra aún no había llegado. Y justo cuando el camarero nos dijo que deseábamos, entró ella por la puerta, venía con unas botas con tachuelas de color marrón claro y unos pantalones vaqueros desgastados, y una camiseta de los ramones de color blanco con una americana de mujer oscura. No sé si se daría cuenta, pero me quede mirándola fijamente hasta el punto que el camarero tuvo que preguntarme dos veces lo que quería tomar.

-Un café cortado y dos donusts contesté.

Alejandra nos saludó amablemente, pidieron los desayunos, los terminamos y salimos de allí con dirección al aeropuerto en un taxi. Cuando llegamos a Barajas fuimos a la comisaría para hacerme el pasaporte. Después nos dirigimos a la terminal uno, salida de vuelos internacionales. Aquí no había problema para pasar el dinero pero allí si podíamos tener problemas, aunque la verdad, era muy improbable que eso pasará si eramos discretos. Teníamos un vuelo de once horas de duración con escala en Estambul y yo no sabia de que hablar con ella. Nos despedimos de Roberto que se quedó a ver como nos difuminábamos entre la gente que pasaba por el arco metálico. Embarcamos a los veinte minutos de estar en la zona franca miéntras tanto conversamos de cosas superfluas. El avión despegó sin contratiempos, Alejandra estaba algo seria y yo le pregunté qué le pasaba, ella me dijo que no le gustaban los despegues y que siempre le pasaba igual pese a que había volado en infinidad de ocasiones , yo en cambio había volado muy poco y siempre trayectos cortos por Europa salvo un vuelo transoceánico a Buenos Aires y otro por negocios a Santiago de Chile.

Las dos primeras horas nos las pasamos hablando sin parar, al principio Alejandra se mostró distante pero poco a poco la conversación fue derivando hacía lo personal y ella sin quererlo me confesó que no tenia pareja. Seguimos hablando sin parar. El viaje se me estaba haciendo corto. Miré por la ventanilla del avión miéntras Alejandra iba al baño. El cielo era limpio y azul, no había nubes tampoco debajo de nosotros. Cuando volvió del lavabo seguimos hablando animadamente y creo que entre ella y yo había química. No era el momento de dedicarse a ligar, pero para que se encienda la llama del amor no hay una regla previa que lo regule o diga cuando es el momento preciso.

 

 

Autor: Plataforma de amor

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